Mensaje del presidente Carlos Mesa

La Paz, 10 de mayo de 2005


Ciudadanas y ciudadanos de Bolivia:

Me ha tocado hoy una responsabilidad inherente al cargo de Presidente de la República, que es de las más trascendentales que tengo que tomar desde que asumí el mando el pasado 17 de octubre del 2003. Una decisión que tiene que ver con el futuro del país, pero que tiene también mucho que ver con el presente del país.

El Congreso Nacional me ha enviado, hace unos días, la Ley de Hidrocarburos sancionada. Le toca hoy al presidente de la República tomar una decisión en torno al destino de esa ley.

Creo que debo comenzar diciendo que he reflexionado profundamente, he hecho un análisis de todo tipo, un análisis que tiene que ver con el escenario político, con la situación social, con los elementos económicos y técnicos de la ley y he tratado, por encima de todo, de hacer un análisis profundo con mi propia conciencia, con lo que representa mi responsabilidad ante ustedes, ante 9 millones de compatriotas que han seguido conmigo desde el 17 de octubre, pasando por el Referéndum del 18 de julio y a partir de entonces, el conjunto de debates, discusiones y propuestas, que no solamente se hicieron en el seno del Parlamento Nacional sino en el conjunto de nuestra sociedad.

Esa reflexión íntima con mi conciencia, es la más importante la que me conduce a compartir con ustedes mi decisión, y explicarles porqué la estoy tomando.

La Ley de Hidrocarburos tenía por objetivo abrir un espacio económico fundamental para el país, tenía por objetivo cambiar un momento de la historia por un momento nuevo en la relación del Estado y la Nación con sus recursos naturales esenciales, el más importante hoy, el recurso energético, el gas.

La Ley de Hidrocarburos tenía por objetivo, darle a Bolivia un horizonte de esperanza, de certeza, de seguridad hacia adelante. Y creo que el contexto de hoy está mostrando exactamente lo contrario. El contexto de hoy está mostrando una realidad dramática, que ha planteado la polarización más intensa del país desde la crisis de octubre de 2003. Una polarización en la que posiciones ideológicas, concepciones de futuro, visiones de país, posiciones regionales, posiciones de grupos organizados, están marcando confrontación, están marcando enfrentamiento, están marcando incapacidad o imposibilidad de llegar a acuerdos mínimos, están generando, en suma, un escenario extremadamente preocupante, un escenario que marca un hecho objetivo complejo, sobre la unidad de Bolivia.

Creo y se lo digo con todo mi corazón, que la unidad de Bolivia hoy está en serio riesgo. Creo que el concepto de unidad que es la preservación de esta patria, íntegra, habitada por 9 millones de personas, integrada por 1.098.581 kilómetros cuadrados, con un manto común, con un horizonte y una utopía común está en riesgo y creo que es en este contexto, que debemos ubicar la decisión del presidente sobre la Ley de Hidrocarburos.

La Ley de Hidrocarburos es hoy mucho más que un instrumento técnico, que un instrumento económico o que una referencia sobre nuestro recurso natural más importante. La Ley de Hidrocarburos está simbolizando el entrabamiento en el que está en este momento Bolivia.

La Ley de Hidrocarburos está definiendo la esencia de nuestros problemas y la esencia de nuestros desafíos y, sobre todo, está colocando en el pecho de cada uno de nosotros, de usted que me está mirando la pregunta esencial ¿estamos en condiciones así, aquí, hoy de garantizar la preservación de la unidad de Bolivia?, ¿estamos en condiciones? Esa es la respuesta que me toca dar hoy, en este contexto y sobre esta Ley.

Permítanme, primero, apelar a la Constitución Política del Estado. La Constitución tiene tres artículos que están vinculados al momento que vivimos: el artículo 76, el artículo 77 y el artículo 78.

El artículo 76 dice en su parágrafo primero: Toda ley sancionada por el poder Legislativo podrá ser observada por el Presidente de la República en el término de 10 días desde aquel en que la hubiera recibido.

El artículo 77 dice en su parágrafo primero: Las observaciones del Ejecutivo se dirigirán a la cámara de origen. Si ésta y la revisora reunidas en Congreso las hallan fundadas y modifican la ley conforme a ellas, la devolverán al Ejecutivo para su promulgación.

Tengo en consecuencia la potestad de promulgar la ley, es decir estampar mi firma en ella - y en ese momento la ley entra en vigencia-, o de observar la ley.

Quiero decirles a ustedes compatriotas, que he tomado la decisión de observar la ley, pero no en la observación que podría ser la observación específica de uno, dos, tres, cinco, veinte o cincuenta artículos. Es una observación de carácter conceptual.

Creo que la ley es en este momento un instrumento de división de Bolivia.

Creo que la ley es hoy un instrumento, a través del cual, fuerzas distintas, con objetivos diferentes, con visiones muy confrontadas, pueden en pocos días colocar al país en el riesgo de un enfrentamiento insalvable.

Creo en consecuencia que mi obligación, como Presidente Constitucional de Bolivia es, por encima de cualquier otro criterio, preservar la unidad de la patria.

Quiero reflexionar con el Congreso Nacional, quiero expresarle al Congreso con la mayor transparencia, con la mayor sinceridad, que esta observación conceptual al conjunto de la ley, a toda la ley, nos obliga a una reflexión.

No quisiera que la primera reacción sea una reacción de carácter político, quisiera que la primera reacción, señores congresales, sea analizar en profundidad lo que estoy diciendo, analizar en profundidad si comparten o no conmigo el criterio de que la única razón que me motiva a esta observación conceptual de la ley, es la unidad de la patria.

Pero quiero también decirle al Congreso Nacional y a ustedes, ciudadanas y ciudadanos de la Patria, que no quiero transferir responsabilidades, que no está en mi ánimo seguir un juego que ha sido tradicional: el Congreso le
traslada la responsabilidad al Presidente y el Presidente se la devuelve al Congreso, porque eso sería no comprender la gravedad del problema. Eso sería pretender desentrañarme de mis responsabilidades, desembarazarme de mis responsabilidades y yo estoy obligado a asumir mi responsabilidad.

Por esa razón, quiero proponerle a ustedes compatriotas, a ustedes miembros del Congreso Nacional, a ustedes que forman parte de la comunidad boliviana, definir un Encuentro por la Unidad de Bolivia; quiero invitarlos a un Encuentro por la Unidad de Bolivia; quiero ser propositivo y decir, como Presidente quiero encarar con ustedes un Encuentro por la Unidad de Bolivia.

¿Con qué objetivos?, con objetivos muy concretos, que usted que me está viendo, sabe que son los que hasta ahora no hemos podido resolver y que tenemos la obligación de resolver juntos; juntos, uno al lado del otro, una al lado de la otra. Este es el tema fundamental.

Mi propuesta de un encuentro por la unidad de Bolivia, plantea cuatro cuestiones fundamentales: la orientación y definición de la Ley de Hidrocarburos, por eso le pido un paréntesis al Parlamento Nacional, para que podamos reflexionar todos los bolivianos y bolivianas, antes de seguir adelante con el proceso constitucional. Primer tema Ley de Hidrocarburos.

Segundo tema, elección de prefectos; tercer tema, referéndum sobre las autonomías; cuarto tema, Asamblea Constituyente. Son temas decididos, ¿en qué sentido? Necesitamos y vamos a tener una Ley de Hidrocarburos, vamos a tener una elección de prefectos, vamos a tener un referéndum de autonomías. Esto no se puede echar atrás. Una iniciativa ciudadana ha marcado la voluntad de quienes piden y tienen por derecho de la Constitución un referéndum, que lo único que tiene por pendiente es la fecha de realización y una asamblea constituyente que es el eje final de este camino de cambio hacia una Bolivia distinta.

Quiero proponer concretamente una invitación a ese Encuentro por la Unidad de Bolivia, para el próximo lunes 16 de mayo del 2005. Y quiero invitar concretamente al presidente del Congreso Nacional, al presidente de la Cámara de Diputados, al presidente de la Corte Suprema de Justicia, al presidente del Tribunal Constitucional. A un senador y un diputado por cada una de las nueve brigadas departamentales del Congreso Nacional, a los ex presidentes constitucionales de la República, Lidia Gueiler, Jaime Paz Zamora y Jorge Quiroga, a los jefes de los partidos políticos, a los alcaldes de las 9 capitales de departamento y la ciudad de El Alto. A dos representantes de las organizaciones de municipios del país, a los presidentes de los 9 comités cívicos departamentales, a cuatro representantes de las organizaciones de pueblos indígenas y originarios, a dos representantes de las organizaciones de trabajadores, a 2 representantes de las organizaciones empresariales.

Esta invitación tiene un solo objetivo: que juntos seamos capaces, responsablemente pensando en Bolivia por encima de ninguna otra consideración, de llegar a acuerdos mínimos, que destraben este conjunto de asuntos que están bloqueando al país en un sentido que hace a la unidad de Bolivia, porque nuestra obligación es dar respuestas al país.

El Congreso y el Presidente de la República no hemos podido lograr en temas fundamentales un salto cualitativo que garantice esta cuestión. Por eso creo que es legítimo que el presidente de la República, invite al Congreso y al conjunto de las fuerzas que acabo de mencionar para trabajar en esa dirección; una dirección que tiene un solo objetivo: paz. Paz por encima de todo, diálogo, preservación de la estabilidad democrática, certeza de que podemos, porque no hay ninguna razón que lo impida, encontrarnos en ideas, discutirlas y llegar a consensos que el país necesita urgentemente.

Estoy plenamente dispuesto a que instituciones nacionales e internacionales que gozan del más absoluto prestigio y consenso en Bolivia, participen como observadores en este Encuentro por la Unidad de Bolivia, para garantizar que todos estaremos siguiendo ese camino y no otro.

Observo la Ley de Hidrocarburos sobre la conciencia de que en este momento no podemos avanzar y lo único que haríamos en cualquier otra dirección en relación a esta ley, es enfrentarnos violentamente; y mi compromiso con ustedes desde el día que asumí la Presidencia de la República, era, trabajar por una democracia en paz que construya una sociedad civilizada y una sociedad tolerante.

Me he inspirado para esta decisión en el mensaje del Mariscal Antonio José de Sucre, entregado al Congreso Extraordinario de 1828, cuando el Mariscal Sucre renunció a la Presidencia de Bolivia.

Quiero recordar el párrafo más célebre de ese mensaje, un párrafo que ha servido a antecesores nuestros, a esclarecer sus ideas y a mirar exactamente cuál era la obligación, sobre todo, de quienes gobernamos.

Decía el Mariscal Sucre: Aún pediré otro premio a la Nación entera y a sus administradores, el de no destruir la obra de mi creación, de conservar por entre todos los peligros la independencia de Bolivia y de preferir todas las  desgracias y la muerte misma de sus hijos, antes que perder la soberanía de la República que proclamaron los pueblos y que obtuvieron en recompensa de sus generosos sacrificios en la revolución.

Antonio José de Sucre nos hizo un pedido que nos obliga moralmente, al más limpio y transparente de nuestros presidentes, al hombre que fue capaz de concebir una patria que hoy es una realidad, le debemos la obligación de preservar la unidad de Bolivia.

Muchas gracias.


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