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Neoliberalismo y ONGs: Visión crítica del voluntariado
José Luis Segovia Bernabé
I. Introducción crítica
Cuando todo movimiento social
resulta siempre sospechoso al poder -al menos por su espontaneismo y
potencialidad de disidencia- no deja de causar cierta perplejidad la paradoja de
que sea el propio poder el que incentive ciertas formas de dinamización del
tejido social a través del voluntariado. Así a la Ley del Voluntariado, siguió
el Congreso Estatal, los Planes trianuales de promoción del voluntariado y, en
general, una actitud tan positiva e incentivadora por parte de quienes manejan
los hilos de la vida política y económica que obliga, más que nunca, a
caminar bajo la "dinámica de la sospecha". En esa línea ya se han
manifestado plumas más competentes denunciando la falacia (Petras) y la
perversión (Gómez Gil) de lo solidario, ese peligroso camino hacia la
solidaridad de diseño (indolora, la llama Lipovetsky).
Desde este saludable apriorismo
crítico nos parece que estamos ante un claro intento de desvirtuar, manipular,
y rentabilizar esa explosión de solidaridad natural que cristaliza en la
multiplicación de ONGS. Digamos ya desde ahora que el acrónimo "ONG"
nos desagrada por varias razones. En primer lugar, porque no parecen rigurosas
las definiciones negativas: no es correcto definirse por lo que uno "no
es" –no gubernamental, en nuestro caso–. En segundo lugar, porque no es
decir demasiado de lo definido: también son no gubernamentales "el clan de
los Charlines" o el cada vez más largo "Banco Bilbao Vizcaya
Argentaria etc., etc.", y no nos sentimos nada identificados ni con el uno
ni con el otro. Y en tercer lugar, porque definirnos sólo con relación a lo
gubernamental nos parece una reducción peligrosa y tal vez interesada.
Preferimos otros términos que se han ido
Así neutralizamos mejor, nos
parece, ciertos riesgos de instrumentalización al servicio de tapar agujeros
del desmontaje del escaso estado de bienestar logrado: por ejemplo, nos causa
asombro y vergüenza ajena que la mismísima Ley del Voluntariado (Ley 6/1996 de
15 de enero), en su Exposición de Motivos (algo así como la justificación de
la norma), reduzca el "Estado social y democrático de Derecho" (1)
(el subrayado es nuestro), nacido del pacto constitucional, a mero "moderno
Estado de Derecho". Modernísimo desde luego, pero se omite, en una ley que
se refiere como ninguna a lo social, la nota irrenunciable de "social"
que tiene el Estado. Tanta pretendida "modernidad" no es inocente. A
renglón seguido se nos dice que la "responsabilidad para satisfacer los
intereses generales es compartida entre Estado y sociedad". Pues
rotundamente no. Esta es una manipulación inaceptable. Ser responsable es tener
que responder. Y a quien por imperativo constitucional corresponde responder y
promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de
los grupos en que se integra sean reales y efectivas , así como remover los
obstáculos que impidan o dificulten su plenitud (estoy citando literalmente el
art. 9.2 de la Constitución) es a los poderes públicos, no a los voluntarios o
las ONGs. Otra cosa es el derecho a participar en la política social que tienen
todos los ciudadanos y sus asociaciones. Pero no se puede confundir la
responsabilidad –que no se delega ni se comparte– como torticeramente
explicita la Ley de Voluntariado, con tener la exclusiva en la intervención e
impedir la participación social.
Naturalmente que estamos en
contra de que el Estado sea el único actor de la política social. Por supuesto
que reclamamos el espacio del Tejido Social Solidario, el de los propios
excluidos, el de los profesionales etc., pero nunca a costa de eliminar lo
"social" de la definición de Estado. A estas alturas, el lector habrá
caído en la cuenta de que voluntariado, ONGs y otras formas benévolas poco
avisadas no son sino herramientas en un intento de pacífica involución del
estado del bienestar hacia uno "moderno" de corte neto neoliberal. En
fin, una vez más una utilización del lenguaje nada inocente.
II. Las ONGs: criterios de discernimiento
Para discernir el
posicionamiento de las ONGs, tanto las volcadas al Cuarto Mundo como las
dedicadas al Desarrollo internacional, nos serviremos de los actores sociales
que según García Roca deben estar presentes en cualquier intervención: La
Administración, los profesionales, el Tejido Social Solidario (TSS) y los
propios excluidos. La Administración vendría caracterizada por la planificación
general de políticas y la aportación de recursos. Los técnicos añadirían la
precisión en la intervención social a través de sus concretas metodologías y
herramientas de cada disciplina.
El Tejido Social Solidario se
caracterizaría por la gratuidad y la inmediatez en la respuesta
(fundamentalmente temporal, en cuanto capacidad de pronta respuesta, y
secundariamente espacial en cuanto que es el primer cinturón del entorno el que
inicialmente responde, aunque se vaya ampliando a sucesivos cinturones hasta
llegar a la solidaridad internacional).
Finalmente, los excluidos señalarían
el referente ético último para cualquier toma de decisión y se constituirían
en criterio de evaluación. Igualmente aparecerían como auténticos
protagonistas de las acciones, auténticos sujetos definidos por sus
posibilidades y no meros objetos recipiendarios de acciones ajenas que los
definen desde las necesidades y carencias. En el primer sentido ayudan superar
el mito del bien común definido desde criterios estadísticos, sustituyéndolo
por el del bien de los últimos. Con ellos en cuanto referente sabemos si algo
es realmente ético. El bien de los más frágiles y vulnerables, la incidencia
en su calidad de vida es lo que determina la eticidad en materia política, económica
o social. El hecho de que el Producto Nacional Bruto aumente o la Renta Per
Capita, o cualquier otra macromagnitud, no es exponente necesario de que la
suerte de los más pobres haya mejorado. Por otra parte, no hace falta apelar al
criterio de respeto a la diferencia y a las minorías, por cuanto la aplicación
de la forma más grosera que se quiera de la regla de las mayorías falla de raíz
por cuanto la mayoría del planeta malvive en la precariedad.
Pues bien, considerados estos
cuatro actores sociales, vamos a ver el posicionamiento de las ONGs con respecto
a ellos como criterio de discernimiento de cual es la ubicación de cada
colectivo.
* Una cuestión previa es la
ausencia de "perchas" donde colgar el traje de las reflexiones sobre
la identidad de cada ONG. Nosotros vamos a utilizar unas claves. Se pueden
perfectamente utilizar otras. Lo que nos preocupa no es que se compartan o no
las nuestras, sino la ausencia en muchos casos de reflexión suficiente sobre la
identidad, el papel, la filosofía de fondo que anima a cada colectivo del
Tejido Social Solidario. Falta reflexión, cosmovisiones, panorámicas de
conjunto, globales. El famoso "piensa globalmente y actúa
localmente", exige tener una reflexión hecha, o mejor ir haciéndola al
hilo de la acción en continua autocrítica. No estamos hablando de posiciones
dogmáticas o pensamientos cerrados. Sí de ciertos niveles de ideología, de
interpretación de la realidad, de lectura de la misma desde distintas claves
(económica, política, ideológica, creyente...).
* Ello explica por qué se ha
caído en cierta departamentalización y escisión artificiosa de la realidad,
propia de las estados burocratizados: al que se ocupa de los ancianos le trae el
pairo la deuda externa, el que trabaja con drogadictos es ajeno al 0.7, el que
anda hermanado con una comunidad africana no quiere saber nada del anciano
turuta que viven la puerta de al lado. desarrollo. En la aldea global, tenemos
que universalizar valores solidarios desde los excluidos de aquí y allá, náufragos
todos de un mismo barco que fondeado en las aguas del pensamiento único
neoliberal amenaza a todos por igual.
* Un claro criterio de
discernimiento lo constituye, a nuestro juicio, detectar el papel que
efectivamente asigna la ONG a la Administración: hay ONGs que aceptan que el
estado pinte cada vez menos y ellas cada vez más. En algún borrador de trabajo
de alguna ONG hemos podido leer con estupor que el ideal es que el Estado sea mínimo
y las ONGs sean las que gestionen incluso los impuestos de los ciudadanos. Para
esta concepción la mayor aportación de las ONGs sería "su capacidad de
generar puestos de trabajo". No me extenderé en nuestro desacuerdo con
este planteamiento. Al modelo más avanzado de organización sociopolítica que
hemos sabido darnos -el Estado social y democrático de Derecho- no podemos
pedirle que renuncie a su identidad, a lo más "de suyo," que es
lograr la justicia social en la comunidad. En otro caso, lo acabaremos
reduciendo, como pretenden las formas más radicales de neoliberalismo, a la
defensa externa -¿cómo defenderse de las poderosas transnacionales que hacen
tambalear economías, ¿con misiles Patriot?- o a tareas de orden público
interior para mantener a los pobres dóciles y ordenados, sin que se salgan
excesivamente de madre. Individualización de problemas estructurales,
culpabilización moral y control social de la pobreza son las nuevas tareas que
asume el modelo neoliberal. Por otra parte, si el Estado no se ocupa de la
justicia, la igualdad y la libertad enseguida, vendrían valedores
transnacionales para hacerse cargo de esos valores y administrárnoslos a los
ciudadanos. En el modelo neoliberal que se va implantando, y no precisamente en
la línea más dura, el presidente de los Estados Unidos, Clinton llegó a
afirmar no hace mucho que nadie como las grandes religiones para ocuparse de los
pobres... Muy religioso desde luego. Y tentador, sobre todo cuando supone que se
va a hacer un trasvase de montón de recursos hacia las ONGs y sus empleados.
Pero, ¿es eso ético? Por tanto, el primer elemento discriminador es el papel
frente a la Administración. O aceptación sumisa del Estado mínimo o crítica
y exigente de las responsabilidades de la Administración frente a lo que
constituye su última razón de ser: el bienestar -al menos la vida digna- de
todos sus ciudadanos.
Otro elemento para el
discernimiento se refiere a los técnicos. Habrá que ver qué peso específico
tienen los técnicos en las ONGS, de modo cuantitativo y cualitativo. Ello no
supone un cuestionamiento de su papel, indiscutible por otra parte, pero sí
invita a discernir para evitar no confundir cosas muy legítimas pero
completamente diferentes: una ONG no es una empresa de servicios. El Tejido
Social Solidario es fundamentalmente eso: en primer lugar tejido, en segundo
social y en tercero solidario. ¿A que nos facilita bastante el discernimiento
hablar de TSS y no de ONG?. ¿No hemos perdido la ingenuidad de saber cuantas
cosas tan distintas encubre el "sin ánimo de lucro" de tantos
estatutos, de tantas y tan falsas ONGs. (2) Para discernir adecuadamente habrá
que estar a las partidas presupuestarias, qué se va en gastos de gestión, cuánto
en personal contratado, cuál es el talante de los técnicos (suplen y asfixian
o colaboran y dinamizan el voluntariado), desde qué planteamiento y motivación
trabajan (como asalariados con relaciones de tipo patronaje con la ONG o de auténtica
afección a la misma), con período previo de voluntariado antes de ser
liberadas o contratadas desde el "Segunda Mano", qué nivel de
afinidad personal tienen con el estilo de la ONG, qué identificación real con
eso que venimos llamando filosofía de fondo.
Si en la ONG hay sobrepeso de técnicos
y personal contratado, lo sentimos pero eso ya no es una ONG, no es parte del
Tejido Social Solidario. Es otra cosa. Tal vez muy interesante o muy necesaria.
Pero al Cesar lo que es del Cesar... Si se pierde el "todo es según el
dolor con que se mira", pueden acabar confundiéndose -inconscientemente si
se quiere- los intereses del técnico -su puesto de trabajo- con los intereses
de los destinatarios de su acción. Eso puede llevar a un proceso en escalada
donde al final lo importante acaba siendo la defensa de la ONG, su imagen de
marca -y con ello la de los puestos laborales-, por encima de los intereses de
los destinatarios para los que supuestamente se puso en marcha la entidad. Ya
sabemos que cuando se hipertrofian las estructuras, se amplia en exceso el campo
y predomina el personal contratado, el riesgo de alimentarse a sí misma la
institución y olvidarse paulatinamente de los reales destinatarios es casi
inevitable.
* Por lo que se refiere al
discernimiento desde el propio Tejido Social Solidario, conviene que nos
detengamos en tres momentos por los que ha pasado en la historia reciente de
España. De ellos sacaremos bastante provecho para nuestra fin, sobre todo por
lo que respecta a una diferenciación que nos parece básica y que sólo
adquiere contornos más definidos desde la perspectiva histórica: la diferencia
entre MILITANTE y VOLUNTARIO.
-Un primer momento de
MILITANCIA POLITICA, que podemos centrar en los últimos años del franquismo.
Su objetivo era la lucha por las libertades, la instauración de la democracia,
la amnistía para los presos políticos, el reconocimiento de las singularidades
nacionalistas... Estamos ante un claro predominio de "lo político".
No es de extrañar que los actores fundamentales fueran partidos políticos
legalizados o en la clandestinidad, asociaciones de vecinos, sindicatos
camuflados etc. Simultaneamente, la solidaridad con otros pueblos del Tercer
Mundo, al amparo del mismo paraguas ideológico del momento, también estaba
presente. El contacto con movimientos de liberación en otros países,
especialmente en América Latina no era infrecuente. Los golpes de estado
militares de Chile y Argentina, el derrocamiento de Somoza por el Frente
Sandinista de Liberación Nacional y sus expectativas revolucionarias, la
oposición a las tiranías en El Salvador, Guatemala... daban no pequeños
motivos para sentirse solidarios desde lo político allende el Atlántico.
-Instaurada la democracia,
bastantes de los lideres se situaron políticamente en los aledaños del poder,
al tiempo que desde el mismo se intentaba desvertebrar el tejido social
aglutinado hasta entonces en los sectores más activos en torno a lo político.
Si a ello unimos la pérdida de conciencia de la clase obrera y un general
aburguesamiento de buena parte de los sectores reivindicativos entenderemos
mejor la dormición que empezó a padecer lo político. Sin embargo, otros
sectores que no sucumbieron a ninguna de las tentaciones antedichas empezaron a
descubrir que la democracia política no podía ser la meta. Subsistían
problemas muy graves de paro, desigualdad, drogadicción, las desigualdades
entre el Norte y el Sur se constataban a nivel nacional y planetario.
Llegamos al momento de la
MILITANCIA SOCIAL de los primeros años 80. Los agentes eran nuevos colectivos
sociales preocupados por las formas de exclusión en el Cuarto Mundo y con una
mayor sensibilidad hacia los aledaños de la aldea global en el Tercero.
-Un tercer momento, a
principios de los 90 de EXPLOSION DEL VOLUNTARIADO y las ONGs. Fenómeno
peligroso y prometedor al tiempo. Peligroso por cuanto puede suponer la
instrumentalización política de, precisamente, la falta de calado político de
las ONGs y por cuanto puede cumplir la función de catarsis colectiva,
tranquilizando las conciencias de los ciudadanos, ocupando a no pocos de ellos
el tiempo libre que genera el tardío acople al mercado laboral o la jubilación
anticipada, o el paro crónico. Prometedor en cuanto es expresiva del innato
deseo humano de apertura al otro y a sus necesidades y concreción posible de
los dos sentimientos sobre los que asienta la dignificación de la especie
humana: la indignación ante lo injusto evitable, y la compasión ante el
sufrimiento y la humillación del otro. Prometedor también en cuanto esta
desordenada, confusa y ambigua explosión de ONGs puede dar paso, tras un
inevitable escrupuloso discernimiento de intereses, a la creación de
plataformas, coordinadoras que lleguen a constituir, ojalá a nivel planetario,
un auténtico grupo de presión, un auténtico partido de la permanente oposición
con capacidad de influencia en las decisiones políticas y económicas, en interés
siempre de los más pobres de nuestro planeta.
Vista esta evolución, de la
militancia política a la social y de esta a una forma "light" de
solidaridad, veamos ahora algunos rasgos que, más allá de los
convencionalismos del lenguaje -no nos importa seguir hablando de voluntario-
nos permiten hacer un discernimiento para ver quiénes son los que integran
nuestras ONGs, qué procesos se dan en el seno de las mismas para asumir el
pensamiento fuerte, y qué aspectos son los que destacan en la identidad
interior y exterior de la ONG.
Notas que caracterizarían al militante del tejido social solidario:
- El militante apuesta por una
"causa", en sentido fuerte y amplio, con el correspondiente componente
ideológico (interpretación de la realidad). Por eso el militante lee, debate,
cuestiona, se cuestiona, va elaborando "perchas" donde colocar las
acciones, las discusiones. En todo caso, ocupa no "su tiempo" sino
"su vida".
- Es la totalidad de la persona
la que queda implicada en la causa. No hay fisuras, ni eventuales esquizofrenias
entre la vida personal y la proyección política. En el caso de ser técnico no
se escinde la vida personal de la profesional.
- El militante se identifica
con el movimiento al que se adscribe en su globalidad: ideario, objetivos,
estrategias... Habla siempre de "nosotros", nunca en tercera persona.
- Es alguien que más que
dedicar su "tiempo libre" a la causa, anda con muy poco tiempo libre
pero se las ingenia para "liberar" tiempo para que ello que entiende
fundamental. No es sólo la cantidad de tiempo sino la calidad del tiempo que
dedica. Se deja contagiar por la realidad que le invade más allá de los
tiempos de dedicación explícita.
- El militante se posiciona
dialécticamente: la apuesta por unos valores excluye explícitamente otros. Las
opciones son "descaradas" e implican una clara toma de postura, máxime
en un mundo donde si hay pobres es precisamente porque hay otros ricos. No puede
contemporizar.
- El militante se siente sujeto
de una clase social, por origen o por opción, y vinculado a los destinos del
mundo obrero y explotado con el que se halla en sintonía. Entiende que la
solidaridad es sobre todo la de los débiles para con los débiles y ello a
nivel internacional. También sabe que ejercer la solidaridad es jugar siempre
contra los propios intereses, jugar en contra. Por eso no existe solidaridad sin
renuncia y sin dolor.
En suma, se trata de la
reconversión de la MILITANCIA POLITICA en MILITANCIA SOCIAL como adaptación a
las nuevas circunstancias.
Por lo que se refiere a los
VOLUNTARIOS y sus ONGs como forma expresiva de mostrar las paradojas y ambigüedades
de este concepto no deja de ser curioso que "voluntarios" eran los que
iban al servicio militar antes de tiempo o a las colonias de ultramar, y ahora
"voluntarios" son precisamente algunos que se quieren librar del
servicio militar haciendo prestaciones en ONGs. Paradojas. -El centro de su
interés no está siempre constituido por una "causa", sino por una
amplia gama de motivaciones. Estás abarcan un amplio espectro desde la
necesidad de "hacer algo por los demás", hasta "ocupar" su
tiempo libre para combatir el aburrimiento en los casos del voluntariado más
"light" (3).
- El voluntario vive
perfectamente sin "perchas" ideológicas ni cuestionamientos éticoreligiosos
de grueso calado. Es más, se ha metido en la ONG porque pasa de la política y
la deja para los políticos. Lo suyo es solo ayudar. Las cosmovisiones y
planteamientos críticos para otros. Ni que decir tiene lo cómodo que es para
el poder este tipo de voluntario dócil, sumiso, obediente y mano de obra
barata, chico para todo, que no pregunta, no se pregunta, no denuncia, no se
queja...
- El voluntario sólo se deja
afectar determinadas zonas y horas de su vida. Lo otro constituye su intimidad y
tiene muy claro que no se va a llevar "los problemas a casa".
Nada le impide ponerse un visón
en una fiesta privada, aunque luego esté presente en una marcha en defensa de
las nutrias salvajes. En el mejor de los casos, la adhesión es parcial y
condicionada.
- Hay una identificación de
tipo genérica con el movimiento. Se habla de él en tercera persona. Se vive
como algo ajeno a la persona. No se tienen que compartir, ni siquiera conocer
sus motivaciones, ideario, estrategias... Sólo se "cubre hueco".
- No acaba de sentirse cómodo
en lo dialéctico: se trata más de personalidades conciliadoras, propiciadoras
del consenso y la negociación, de aprovechar "lo bueno que hay en
todo", de evitar radicalismos que "no llevan a ninguna parte".
- El voluntario no se implica
en las estrategias, no participa en los debates internos importantes, es un peón
manejado desde fuera pero con escasa incidencia en la marcha de la ONG, siempre
en manos de técnicos o personal de alta dirección.
- No tiene conciencia de clase
ni clara ubicación política: pertenece a la clase media, acomodada, y con
estudios superiores en no pocos casos. Prefiere la solidaridad indolora, la que
no le suponga un cuestionamiento de su vida, de su trabajo, de su economía...
En este momento, con toda la
ambigüedad que tiene la somera descripción hecha, se produce un interesante
debate en el seno de no pocas movimientos solidarios sobre el papel de la
militancia y la nueva forma de activismo social que representan los voluntarios.
Hay diferencias de bulto entre diferentes ONGs aún no suficientemente
explicitadas.
En general se cuestiona la
idoneidad de vincular a proyectos altruistas a personas que realizan una
"obligación estatal" como es el caso de los prestacionistas (aquellos
que efectúan la Prestación Social Sustitutoria (4)). Muchos se manifiestan
contrarios a la vigente Ley del Voluntariado que pervierte la esencia gratuita
de la solidaridad humana y acaba por recoger sólo las aspiraciones de la propia
Administración Pública.
La ambigüedad y falta de
definición en que se desenvuelve en ocasiones el voluntariado y las ONGs no
deben de impedir el reconocimiento que estamos ante un nuevo fenómeno social de
enorme riqueza que no puede ser despreciado y que debe ser integrado al servicio
de la transformación de la realidad.
Un nuevo discriminador de una
ONG será determinar si se sirve a sí misma, a su protección social, a su
imagen o a los destinatarios de los proyectos. Para ello es clave llegar a
discernir si la clave son "mi ONG, mis voluntarios o, incluso ,mis
pobres", o si precisamente el centro son aquellos a los que no somos
capaces de llegar, los más nuestros, son los que no lo serán nunca. En el
fondo lo determinante es si la ONG aspira como horizonte último a desaparecer o
a consolidarse. Ahí se juega no poco. Si hay realmente voluntad hacerse
innecesaria o si se quiere convertir en algo cada vez más importante e
imprescindible con un "aparato" cada vez más complejo.
Por último nos queda utilizar
como criterio de discernimiento cuál es el papel que efectivamente dan a los
excluidos con los que dicen ser solidarios. En efecto determinar si tienen papel
protagonista, son sujetos en definitiva, o por el contrario son objeto de
atenciones, ayudas etc. por bienintencionadas que sean. Si realmente hay
procesos de emancipación y liberación para devolverles su voz y su dignidad -¡la
suya!- o si por el contrario nos empeñamos en "ser voz de los sin
voz" para de este modo sutil condenarlos a perpetua mudez. Por otra parte,
bueno es determinar quien es el que determina las necesidades. Es la ONG la que
señala las necesidades y se empeña en contestar lo que nadie tal vez preguntó,
o por el contrario se responden a las necesidades que señalan los sujetos. ¿Se
les suple o se les acompaña?. ¿Se les hace ser independientes, autónomos o se
les condena a eterna relación de dependencia agradecida?. ¿Se les da o se está
dispuesto a recibir de ellos, a dejarnos interpelar por ellos y su forma de ver
las cosas desde abajo?
¿Les dignificamos o son ellos
los que nos dignifican a nosotros?. ¿Sabemos siempre respetar y esperar o
imponemos nuestros criterios y metodologías?. Son una batería de preguntas de
una serie que puede ser infinitamente más larga pero que en líneas generales
nos ayuda a descubrir como el tipo de relación con los excluidos nos da una
buena tipología de ONGs muy interesante para el discernimiento.
Algunos retos
* El mundo de las ONGs, como en
general todos los Nuevos Movimientos sociales (NMS), necesitan progresar en la
conciencia "política" de la naturaleza de los problemas que abordan.
No se trata sólo de vendar a "los heridos de la vida" sino de evitar
la producción sistemática de traumatismos injustos. Los movimientos a favor
del Cuarto Mundo deben descubrir que no compiten con los que apuestan por el
Tercero y viceversa, y que conjuntamente están llamados a constituirse en grupo
de presión, una especie de "partido de la permanente oposición" que,
sin pretender ser alternativa de poder. exija que el mismo se ponga al servicio
no del bien común -que suele ser meramente estadístico- sino al bien de los
empobrecidos del Tercero y Cuarto Mundo. Para que ello sea posible será preciso
superar la actual atomización, respetando las peculiaridades metodológicas y
estratégicas de cada movimiento, para propiciar plataformas, coordinadoras
etc... de más amplio espectro y de más amplia base social. Para ello también
será preciso articular cauces flexibles de participación (5) de
"militantes" y "voluntarios", sin dogmatismos.
Estamos en un momento histórico
de síntesis superador quizá del enfrentamiento dialéctico
militante-voluntario, profesional-voluntario, público-privado... Los
movimientos cívicos críticos, los cada vez más abundantes de corte
"cristiano liberador" y los confesionales "social-proféticos"
tienen buenas perspectivas de entendimiento integrando iniciativas obreras,
ciudadanas, estudiantiles...
* Es preciso rescatar el valor
fuerte de la "solidaridad", aguada por no pocos voluntarios y ONGs
"light". Para ello es preciso pasar de una solidaridad de consumo
(L. Aranguren), de diseño (M.D. Hernández), indolora y a la carta (Lipovetsky),
posmoderna, a una solidaridad de la mano de la justicia y el pensamiento fuerte.
La ética de la justicia planetaria necesita ser asumida si no queremos que la
ética de la solidaridad se quede en tranquilizador de malas conciencias. La
solidaridad supone estar dispuesto a tomar partido y siempre supone perder algo.
No existe la solidaridad indolora.
* Ciertamente es el momento de
las revoluciones transversales. El mundo obrero, los excluidos en el Cuarto
Mundo y las masas empobrecidas del Tercero han de ser los referentes pero no van
a ser sujetos únicos de la revolución pendiente. Lamentablemente ya no hay
revolución sin televisión. Ello supone que la transformación de la realidad
requiere el compromiso militante de muchos más que los tradicionales sujetos
históricos.
No se olvide que las
Revoluciones obreras se gestan en el humus ideológico de la Revolución
burguesa. La revolución pendiente va a implicar a muchos más actores sociales.
Todo ello requiere apuestas
firmes y radicales pero al mismo tiempo flexibles y capaces de articular
diferentes metodologías y estrategias, al menos por la via del no
enfrentamiento sistemático. Un ejemplo aclarará lo que apuntamos. La causa de
la paz debe de estar agradecida a la disidencia radical de los insumisos, pero
sería injusta si olvidara a los miles de objetores que han ido generando una
conciencia colectiva, y aún no habría por qué excluir a un sector de las
Fuerzas Armadas con un pensamiento menos convencional.
Para alcanzar esa revolución
pendiente, como dice Díaz Salazar, habrá integrar el compromiso con lo lúdico
y gratuito, la radicalidad severa (huelga de hambre...) con "radicalidades
intermedias y cotidianas" sin perder de vista que vivimos en un mundo de
remedios, parcheos y pequeñas soluciones que apuntan, eso sí, hacia la utopía
(Vitoria).
* Hay que perder el miedo a una
paulatina identificación de las señas de cada ONG con los presupuestos ideológicos
que están detrás ahora todos encubiertas con el marchamo común de la
solidaridad, No pueden seguir pactando con todo y todos. Habrá también que
evitar lo que señala el último informe de Petras (6): los intelectuales se han
refugiado en las ONGs y cubren su disidencia a través de programas para atender
a una minoría de excluidos mientras olvida el lento empobrecimiento de toda la
población fruto de las políticas neoliberales. Sólo la vinculación al mundo
obrero de aquí y la causa de los oprimidos allá puede garantizar una visión más
global del problema de la marginación .
* En la era de la
"revolución de las comunicaciones" no se puede renunciar a las nuevas
vias de información (Internet) que van a suponer a la larga, sobre todo
inicialmente en el primer Mundo, la democratización de los flujos de información,
el avance en la democracia participativa y la posibilidad de comunicación
directa y personal (p.e el Comandante Cero dispone de E-Mail)
En el Primer Mundo hay que
estar especialmente atentos ante el incipiente desmontaje del discreto Estado
del Bienestar levantado. Unos movimientos con poca impedimenta ideológica y
cargados de buena voluntad pueden ser fácilmente instrumentalizados por las
administraciones públicas al servicio de los agujeros que van dejando tras
desmontar redes de servicios sociales y prestaciones básicas. Los movimientos
solidarios deben posicionarse a favor de garantizar los logros alcanzados y en
ningún caso pueden ser la "mano de obra barata" que legítima una política
social de corte liberal e insolidario. Se trata de ejercer un derecho democrático
a participar en un modelo de Estado Social que no puede renunciar a ese adjetivo
* Es preciso ir superando la
atomización de ONGs, respetando las peculiaridades metodológicas y
estrategicas de cada colectivo del TSS, pero propiciando la constitución de
plataformas, coordinadoras etc. de más amplio espectro y de más grande base
social.
Para ello habrá que articular
cauces flexibles de participación, donde siendo válido el punto de partida de
la buena fe de cualquier voluntario, esté diseñado por la entidad todo un
proceso de sensibilización y concienciación que permita ir asumiendo y
cuestionando las "perchas" ideológicas sobre las que trabaja la ONG.
Todo esto debe ser trabajado desde las propias ONGs que sin excluir a priori a
nadie tampoco pueden cerrar los ojos y aceptar formas de participación
contrarias no tanto a sus intereses corporativos como a los de los pobres a los
que se defiende.
Habrá que estar muy atentos a
un doble riesgo: por parte de las pequeñas ONGs la búsqueda de plataformas y
coordinadoras como espacios "para ser alguien", sobre todo insistiendo
en su carácter instrumental (obtener subvenciones, p.e.). Y por parte de las
grandes Coordinadoras el quedarse sin identidad por haber fagocitado a las pequeñas
entidades para haberse convertido en macro-estructuras, ajenas por completo a
los intereses de los asociaciones del TSS, tornándose en auténticas
corporaciones influyentes pero sin identidad ni representatividad.
En fin, si algo hemos de
agradecer a los militantes en los movimientos del Tejido Social Solidario (TSS)
es que nos presentan la realidad como manifiestamente mejorable a través de una
solidaridad al alcance de todos. Con ello han desenterrado dos viejos principios
éticos sobre los que espabilar el sueño de la utopía: 1º "El imperativo
categórico" kantiano recordando que cada ser humano es siempre un fin en sí
mismo no instrumentalizable; 2º "El imperativo de la disidencia"
(Muguerza) que invita a no callar ni pactar con lo injusto, innoble o indigno.
El TSS través de las distintas formas que adoptan los Nuevos Movimientos
Sociales (NMS) expresivos de la "benevolencia de las masas" (CASADO
(7)) tiene en esta ocasión que decir bastante más que palabras.
Supone una no pequeña aportación
de plusvalía utópica a lo que Freire denominó "lo inédito viable".
Efectivamente con los movimientos auténticamente solidarios las causas pérdidas
parecen empezar a estarlo menos.
Notas
(1) Art.1 de la Constitución:
"España se constituye en Estado social y democrático de Derecho que
propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la
justicia, la igualdad y el pluralismo político".
(2) Una buena amiga socioóloga,
María Dolores Rodríguez, maliciosamente suele decir que hay que distinguir
entre ONGs "sin ánimo de lucro" y "sinónimo de lucro".
(3) Ya Lipovetsky habla de
ellos diciendo que los voluntarios son la respuesta a la
(4) Veremos como quedan no
pocos Proyectos de administraciones públicas e incautas ONGS cuando desaparezca
el servicio militar obligatorio, y con él la PSS ¿quién cubrirá los horarios
nocturnos y todas las tareas que se han hecho recaer sobre prestacionistas?
En el desmontaje del Estado de
Bienestar ¿se apostará por incrementar presupuestos para cubrir con
contratados las labores que a tiempo completo desarrollaban los prestacionistas?
(5) Propuestas de articulación
del voluntariado en García Roca, J., "Voluntariado y compromiso", Sal Terrae, Santander, 1994.
(6) En rev. El Ajoblanco,
agosto, 1996.
(7) Casado, D., "Crisis
industrial y cultura de la solidaridad", Bilbao, DDB I.Diocesano de Teología
y Pastoral, 1995, p.62
Se publica con fines informativos y educativos.
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