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La sociedad civil y la gobernanza mundial
Fernando Henrique Cardoso
Documento de antecedentes preparado para el "Grupo de Personas Eminentes para examinar las relaciones entre las Naciones Unidas y la Sociedad Civil".
1. La participación ciudadana y la aparición de una "política global"
Vivimos en un mundo nuevo; el
orden mundial actual es más abierto, complejo, diverso, interconectado y
peligroso que nunca.
El orden mundial contemporáneo es, cada vez más, el resultado de múltiples
pautas de interacciones transnacionales recíprocas, forjadas por agentes
estatales y no estatales. La interacción entre la sociedad civil y las Naciones
Unidas sólo se puede entender debidamente en este marco más amplio de
referencia.
Hay problemas críticos que trascienden las jurisdicciones territoriales
nacionales y que están siendo debatidos por diversas asociaciones cívicas en
un espacio público cada vez más amplio. Las amenazas globales, como la
volatilidad financiera, los desastres ambientales, el terrorismo, las drogas o
las enfermedades contagiosas, afectan a la vida de las personas en todo el mundo
y son de tal magnitud que ningún país puede hacerles frente por sí solo.
El fenómeno de la globalización incrementa de forma dramática la interrelación
entre la esfera nacional y la mundial; pero la globalización no es solamente un
proceso económico y tecnológico, sino también un fenómeno político,
cultural y social.
En el contexto mundial, no sólo se intercambian bienes y capitales sino también
información, valores, símbolos e ideas. Los mercados y los flujos financieros
no son los únicos que se integran cada vez más: existen alianzas y redes de
cooperación flexibles que también fortalecen la capacidad de las asociaciones
cívicas y de los movimientos sociales para participar y ejercer su influencia.
A su vez, la influencia de la sociedad civil en la gestión de los cambios
mundiales nunca habría podido alcanzar su amplitud y alcance actuales sin el
aumento simultáneo de la acción ciudadana. El auge del activismo ciudadano en
pro del bien público es un fenómeno reciente, masivo y casi universal.
La "revolución de la asociación mundial" extendió y fortaleció la
democracia en el ámbito nacional. Este proceso fue -y aún lo es en muchos
lugares- conflictivo y desigual. No obstante, parece que la tendencia hacia una
sociedad más informada, participatoria y responsable es un hecho generalizado e
irreversible.
La gobernanza mundial -al igual que la globalización- es un proceso sumamente
polémico en el que el espacio para la acción política de los agentes
estatales y no estatales se ha ampliado considerablemente. Este proceso se basa
en las relaciones entre las Naciones Unidas y las organizaciones no
gubernamentales.
De ahí que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿responde el sistema de las
Naciones Unidas a las tendencias y procesos que afectan a la comunidad
internacional en la actualidad o continúa, en cierto modo, anclado aún en el
pasado?
2. El papel crucial de las Naciones Unidas en la promoción de la gobernanza
mundial
Las Naciones Unidas han desempeñado
una función clave en el fortalecimiento de la gobernanza mundial promoviendo
constantemente la participación de la sociedad civil en los procesos de diálogo
y las deliberaciones para establecer nuevas formas de regulación política.
El fin de la Guerra Fría y de la política de poder asociada con el conflicto
entre dos bloques ideológicos despertó grandes esperanzas. Los vencedores de
la Guerra Fría fueron los primeros en anunciar que la nueva era se construiría
con la colaboración, y no al margen, de las Naciones Unidas. De hecho, el
programa de la Organización y su disposición a entablar relaciones con agentes
no estatales aumentaron significativamente. Las cuestiones transnacionales que
afectan directamente a la calidad de vida presente y futura se convirtieron en
temas de actualidad.
En las conferencias mundiales del decenio de 1990, las organizaciones de
ciudadanos articularon nuevas ideas y propuestas, debatieron y negociaron,
protestaron y ejercieron presión política y, de ese modo, alumbraron un
"espacio público" sin precedentes. Gradualmente, se fueron
estableciendo normas y normativas internacionales, organismos reguladores y
mecanismos. En los dos últimos decenios, es notable el progreso logrado en el
reconocimiento de derechos universales básicos y en la prevención de amenazas
mundiales.
Este proceso continuo de construcción de un derecho cosmopolita representa un
gran paso hacia un orden mundial que no esté basado en la indiscutible voluntad
de Estados soberanos sino en principios y normas universalmente aceptados. En
una significativa ruptura con el pasado, se reconoció al individuo no sólo
como sujeto del derecho nacional sino también de normas cosmopolitas cuyo
cumplimiento exigen las instituciones transnacionales.
Los derechos humanos conforman la base de ese ideal cosmopolita precisamente por
su validez universal y por estar dirigidos a los individuos en su condición
humana y no en su calidad de ciudadanos de un Estado nación específico.
La preocupación por el bienestar de las generaciones futuras, plasmada en la
noción de "nuestro futuro común", es otra poderosa expresión de ese
compromiso con valores universales que se deben mantener no sólo en el espacio
sino también en el tiempo.
Dada la intrínseca diversidad de agentes, temas y formas de acción que la
constituyen, la sociedad civil es un reflejo de la complejidad social y cultural
de la comunidad mundial y una fuerte promotora del multilateralismo.
En este entorno incluyente y participatorio, es natural que la interacción
entre la sociedad civil y el sistema de las Naciones Unidas se amplíe y
diversifique sin cesar. En efecto, el último decenio se vio marcado tanto por
una explosión de las pautas tradicionales de consulta con los agentes no
estatales y como por la experimentación de formas innovadoras de asociación y
colaboración.
No obstante, como resultado de la creciente complejidad de esta relación, el
sistema que se había desarrollado a lo largo de varios años para facilitar la
interacción entre las Naciones Unidas y la sociedad civil empezó a mostrar
signos de tensión.
Se tiene cada vez más la impresión de que algunos procesos han agotado su
curso, que es necesario comprender mejor y valorar más la contribución de los
ciudadanos a la gobernanza mundial y que se debe introducir una mayor
consistencia y coherencia en las normas que rigen las relaciones con la sociedad
civil.
El Secretario General Kofi Annan destacó que sería conveniente hacer una pausa
para hacer recuento de los nuevos problemas y necesidades, revisar las políticas
y procedimientos actuales y explorar nuevas alternativas y posibilidades. Es
necesario hacer frente a cuestiones y retos de diferente índole para que las
Naciones Unidas puedan identificarse y vincularse con la pujante fuente de energía
que representa la participación ciudadana y conceder a la sociedad civil el
respeto y el espacio que se merece.
Muchos de los problemas prácticos, cuestiones legales y repercusiones
financieras inherentes a la interacción de la sociedad civil con el sistema de
las Naciones Unidas se analizan en el documento de antecedentes sobre El sistema
de las Naciones Unidas y la sociedad civil: inventario y análisis de prácticas,
preparado para el Grupo por John Clark y Zehra Aydin.
Sin embargo, hay también cuestiones de tipo estratégico y de contexto que el
Grupo debe tener en cuenta, algunas de las cuales están relacionadas con los
cambios y acontecimientos geopolíticos recientes.
3. Riesgos y oportunidades del panorama internacional actual
El decenio de 1990 estuvo
marcado por el entusiasmo generado por las conferencias mundiales de las
Naciones Unidas. Actualmente, sin embargo, la percepción de que se estaban
haciendo progresos significativos ha sido sustituida por una sensación de
desencanto.
Existe un déficit innegable de regulación política y gobernanza democrática
en algunas áreas clave del proceso de globalización. En concreto, hay una
clara discrepancia entre la economía y la política, entre la interdependencia
de los mercados y la ausencia de mecanismos globales efectivos de supervisión y
control.
Las estructuras de las Naciones Unidas encargadas de preservar la paz y la
seguridad también padecen déficits de gobernanza.
Como consecuencia de las dificultades para "controlar y democratizar la
globalización", la radicalización del "movimiento antiglobalización"
dio lugar a formas conflictivas de protesta pública y a la impugnación de la
legitimidad misma de algunas instituciones multilaterales por un sector de la
sociedad civil.
Muchas organizaciones no gubernamentales se sienten frustradas ante los obstáculos
y barreras a su participación sustantiva en la adopción de decisiones políticas
y en la aplicación práctica de los programas convenidos. Varias de ellas
reaccionan asimismo ante lo que perciben como un riesgo de quedar confinadas en
la esfera social y humanitaria.
A la inversa, muchos gobiernos reaccionan ante la creciente interacción con la
sociedad civil, al considerar su creciente influencia en el proceso de adopción
de decisiones como una amenaza a sus intereses nacionales y su soberanía. Esta
percepción se ve agravada por el gran desequilibrio, existente en cuanto al número,
influencia y recursos, entre las organizaciones de los países industrializados
y las de los países en desarrollo.
La sociedad civil no sólo es diversa y compleja, sino que también está
profundamente dividida en sus opiniones políticas y sus enfoques estratégicos
frente a diversas cuestiones. Esto no es un problema per se, desde el momento en
que la democracia es intrínsecamente un espacio conflictivo. Sin embargo,
contrariamente a la imagen idealizada que en muchos casos tiene de sí misma, la
sociedad civil no es el reino de los "buenos valores e intenciones" en
contraste con la lógica del poder y los intereses que se atribuyen a los
Estados. Es posible también que los grupos civiles y comunitarios defiendan
causas que son sumamente polémicas y en algunos casos incompatibles con las
normas y principios aceptados universalmente.
Mucho más inquietantes son las zonas oscuras y los rincones sombríos de lo que
se ha dado en llamar la "sociedad incivil". El terrorismo mundial y el
tráfico de drogas son potentes expresiones del poder destructivo de las redes
criminales no estatales y de su capacidad para infligir enormes daños no sólo
a países concretos sino al orden internacional en su conjunto.
A estos problemas hay que añadir inevitablemente las consecuencias del auge
reciente de las posturas unilateralistas manifestadas en la decisión de no
firmar o ratificar importantes acuerdos negociados internacionalmente. En el período
que siguió a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001,
preocupaciones legítimas de seguridad condujeron a la polémica intervención
militar en el Iraq sin el asentimiento del Consejo de Seguridad.
Dado que el único foro legitimado para dictar normas de aceptación universal
son las Naciones Unidas, las iniciativas unilaterales tomadas fuera de este
marco no pueden menos que socavar no sólo la Organización sino todos los
arduos y prolongados esfuerzos de la comunidad internacional para fortalecer la
gobernanza mundial.
No existen alternativas al diálogo y el debate cuando se trata de crear reglas
y normas generalmente aceptadas. Las definiciones ideológicas o religiosas de
algunos Estados de lo que es bueno y lo que es malo siempre pueden contestarse
con definiciones de otros Estados en dirección contraria.
El derecho cosmopolita se opone diametralmente a la imposición por el fuerte de
sus opiniones particulares como paradigmas absolutos. Por otra parte, como
ocurre en la mayoría de las crisis, la actual también está generando nuevas
visiones y perspectivas.
Ciudadanos de todo el mundo han dado muestras de una capacidad de organización
y movilización sin precedentes, aprovechando plenamente las tecnologías de la
información para expresar su oposición a la guerra en el Iraq. Internet ha
facilitado su cooperación y su coordinación, llevando a algunos a concluir que
la sociedad civil global que está emergiendo y la opinión pública mundial son
el contrapeso más eficaz a las posturas unilateralistas.
La capacidad de influencia de la sociedad civil también se ve reforzada por el
impacto de los medios de comunicación en la gestión de los asuntos públicos y
la pluralidad creciente de fuentes de información. Estas tendencias
convergentes crean un entorno en el que la presión política y las demandas
sociales se exponen directamente a los titulares del poder, soslayando las
estructuras tradicionales de representación política.
4. Cuestiones y problemas estratégicos para el Grupo
Pregunta No. 1: ¿Cómo
combinar una definición amplia e incluyente de la sociedad civil con el
reconocimiento de su diversidad y la necesidad de reglas flexibles para su
participación?
En el mandato del Grupo se adoptó una definición amplia e incluyente de la
sociedad civil que abarca una gran variedad de actores no estatales, incluidos
los parlamentarios y el sector privado. Las formas en que la sociedad civil
interactúa con las Naciones Unidas e influye en la gobernanza mundial también
son muy diversas, desde la reivindicación y protesta pública hasta la consulta
y alianza con diferentes organismos y programas.
La elección de esta amplia definición plantea una serie de cuestiones. Algunos
subgrupos -como el sector privado, los medios de comunicación, los
parlamentarios y las autoridades locales- no siempre se consideran incluidos en
la categoría institucional de la sociedad civil. Muchas organizaciones no
gubernamentales, por otra parte, entienden que el sector privado no debería
considerarse como parte de la sociedad civil.
En efecto, los objetivos, las motivaciones y las pautas de interacción con las
Naciones Unidas de estos actores son bastante particulares. El Grupo tendrá que
considerar en qué circunstancias es posible o deseable proponer recomendaciones
y directrices comunes para la sociedad civil en su conjunto, o si no es más
conveniente diseñar estrategias múltiples capaces de propiciar la participación
más amplia posible de cada uno de los socios potenciales.
Pregunta No. 2: ¿Cómo combinar el fortalecimiento de la sociedad civil a nivel
nacional con la promoción de la participación de los ciudadanos en los asuntos
mundiales?
La inmensa mayoría de las organizaciones de la sociedad civil tienen una base
nacional y están enfocadas a cuestiones específicas. Durante las últimas décadas
el número de organizaciones no gubernamentales de alcance global ha aumentado
de manera significativa. La mayoría de ellas, sin embargo, se centran en
esferas de interés específicas. Estas organizaciones más especializadas
tienden a relacionarse con las Naciones Unidas únicamente cuando la cuestión
que se trata les afecta directamente.
Habida cuenta de la amplia diversidad institucional y las múltiples esferas de
interés de la sociedad civil, resulta procedente plantear la cuestión clásica
de "quién habla en nombre de la humanidad" o "desde el punto de
vista de la humanidad".
También cabe señalar que la democracia ha sido, en la teoría y en la práctica,
una realización nacional. En muchos países el fortalecimiento de la democracia
y de la condición de ciudadano es un proceso continuo. Los modelos de relación
entre el Estado y la sociedad civil también varían enormemente de un país a
otro. En algunos casos esta cuestión ni siquiera se plantea en el programa
nacional.
Por otra parte, dada la interrelación entre las esferas nacional y mundial, así
como la interconexión entre distintos asuntos, las iniciativas ciudadanas,
cualquiera que sea su ámbito, cuando tienen éxito tienden a superar las
barreras territoriales y a influenciar procesos más amplios. La reivindicación
y la presión política también combinan niveles de acción simultáneos,
pasando sucesivamente del ámbito local al mundial y viceversa.
En un mundo complejo, la respuesta a la pregunta "¿quién habla en nombre
de quién?" requiere nuevas perspectivas. La legitimidad de las
organizaciones de la sociedad civil emana de lo que hacen y no de a quienes
representan ni de ningún tipo de mandato externo. En última instancia, son lo
que hacen. El poder de la sociedad civil es un poder difuso. Consiste en su
capacidad de discutir, proponer, experimentar, denunciar y servir de ejemplo. No
es un poder de decisión.
Esta legitimidad es por definición una labor permanente. Nunca llega a
alcanzarse de manera definitiva. Se obtiene en el foro del debate público y
debe renovarse y revitalizarse continuamente.
Este diálogo abierto, en el que participan muchos actores que defienden
intereses distintos, y en ocasiones divergentes, es algo más que la suma de sus
partes. El debate y la reflexión que genera la sociedad civil constituye la
base de la gobernanza mundial en el mundo contemporáneo.
El Grupo deberá tener en cuenta y sacar las consecuencias lógicas de esta
diversidad de agentes y de esta pluralidad de niveles de acción. El
fortalecimiento de la interacción de la sociedad civil con las Naciones Unidas
no significa que haya que actuar únicamente en los niveles más altos del
sistema.
Paralelamente a la tendencia a una mayor participación ciudadana aparece la
tendencia igualmente vigorosa a la descentralización del poder y los recursos
al nivel local. Estos procesos ofrecen a la sociedad civil una oportunidad sin
precedentes de modalidades más horizontales de integración y colaboración con
los programas de las Naciones Unidas y las autoridades locales.
Pregunta No. 3: ¿Cómo combinar el apoyo al papel de la sociedad civil en la
gobernanza mundial con el respeto a la soberanía nacional y la igualdad en las
relaciones internacionales?
La sociedad civil tiene una capacidad para actuar por sí misma que no depende
de ninguna autorización ni mandato. Y sin embargo, dado el carácter
intergubernamental de las Naciones Unidas, su relación con el sistema de las
Naciones Unidas se basa en reglas que dependen, en última instancia, de las
decisiones que tomen los Estados Miembros.
Es un hecho cada vez más reconocido, según la experiencia, que la colaboración
y la asociación entre actores múltiples aumenta la disponibilidad de ideas,
capacidades y recursos para tratar un problema determinado.
La cuestión clave, por tanto, es cómo superar los prejuicios y los
malentendidos que todavía existen para que los gobiernos no identifiquen una
mayor influencia de la sociedad civil con el debilitamiento de la soberanía y
un mayor desequilibrio de poder entre el Norte y el Sur.
Mejorar las capacidades y los recursos de la sociedad civil del Sur es un
requisito previo para corregir las distorsiones y desigualdades actuales. Paradójicamente,
el dominio del Norte en la sociedad civil no puede menos que reforzarse con las
restricciones impuestas por los gobiernos de algunos países en desarrollo a su
propio sector civil nacional. De ahí la importancia crucial de promover pautas
de diálogo y colaboración entre el Estado y la sociedad civil a nivel
nacional.
Varios Estados Miembros consideran que la participación directa de la sociedad
civil en el proceso de toma de decisiones podría debilitar el proceso
intergubernamental. El Grupo debe prestar mucha atención a estas inquietudes.
Es absolutamente imprescindible reducir la desconfianza, demostrar la eficacia
de la colaboración y lograr el consenso en torno a un programa positivo para el
futuro.
Una sociedad civil nacional vibrante y convincente, que colabore con el
gobierno, lejos de debilitar la democracia y la buena gobernanza, incrementa los
recursos nacionales invertidos en el desarrollo social y da mayor peso a la
opinión del país en cuestiones mundiales.
De la misma manera en que la sociedad civil puede actuar sin pedir ningún
permiso ni autorización, pueden existir también límites legítimos a su
participación directa en el proceso intergubernamental de toma de decisiones.
Poner demasiado énfasis en conseguir poder para influir en las decisiones puede
ser contraproducente y dar lugar a una reacción en contra.
No es necesario que todo esté regulado para que tenga lugar y logre los efectos
deseados. Unos acuerdos flexibles que permitan al sistema de las Naciones Unidas
valorar las ideas, propuestas y recursos de la sociedad civil, juntamente con
pautas de "geometría variable", pueden resultar una estrategia más
eficaz y viable para la participación eficaz de la sociedad civil que una
confrontación política directa.
Con una visión de futuro, el diálogo con los Estados Miembros para crear
alianzas con agentes no estatales y lograr un consenso en torno a programas de
acción comunes es un elemento tan esencial del proceso de consulta del Grupo
como la interacción con la sociedad civil y el sistema de las Naciones Unidas.
Pregunta No. 4: ¿Cómo combinar la afirmación de valores universales con la
complejidad social y la diversidad cultural del mundo?
La gobernanza mundial y el derecho cosmopolita se basan en el reconocimiento de
valores universales. Pero los valores y las normas universales no se pueden
imponer unilateralmente.
Como explica Habermas, los valores (incluso los que aspiran a obtener el
reconocimiento universal) no están flotando en el aire. No son productos que se
puedan adquirir, desplazar o exportar por todo el mundo. La única manera de que
se acepten en distintos entornos sociales y culturales es a través de un largo
proceso de diálogo y deliberación. Cualquier otro procedimiento equivale a la
imposición por unos pocos de sus ideas y principios particulares a todos los
demás.
El multilateralismo también se aplica al proceso de construcción de valores y
normas. Este proceso solamente puede desplegarse siempre y cuando se escuche la
opinión de todos los sectores de la comunidad internacional de manera
igualitaria y recíproca. Los conflictos y desacuerdos son inherentes a estos
procesos de diálogo y deliberación. Lo que es esencial es asegurar el carácter
democrático del proceso propiamente dicho.
No existe ninguna alternativa a la democracia. De la misma manera que la
democracia se fue fortaleciendo gradualmente en el ámbito nacional mediante la
interacción de muchos agentes, la democracia al nivel de las relaciones
internacionales solamente se puede alcanzar y mantener mediante la argumentación
y el debate.
Esto es exactamente lo que mejor hace la sociedad civil, con su diversidad
cultural y social. Los enfoques unilateralistas o la confrontación de puntos de
vista opuestos debilitan las Naciones Unidas y el derecho internacional. El
riesgo de división y paralización en el sistema internacional es real.
En este preciso momento, el proceso de consulta que debe iniciar el Grupo puede
ofrecer una oportunidad valiosísima para fortalecer el sistema de las Naciones
Unidas mediante el logro de un nuevo consenso sobre la sociedad civil y la
gobernanza mundial en el que intervengan tanto los gobiernos como agentes no
estatales.
Pregunta No. 5: ¿Cómo establecer una interacción con la nueva opinión pública
internacional y la sociedad civil mundial? En última instancia, la voluntad del
pueblo es la expresión de su opinión. Y la opinión del pueblo sobre las
cuestiones que afectan a sus vidas, así como al futuro de la humanidad, se
forma a partir de mensajes y debates que tienen lugar en la esfera pública.
Lo que caracteriza a esta esfera pública en nuestro tiempo es que depende en
gran medida del sistema de medios de comunicación, en el que se incluyen no sólo
la televisión, la radio y la prensa escrita, sino también toda una variedad de
sistemas multimedia y de comunicaciones, entre los cuales Internet reviste una
importancia creciente. Puesto que es un medio barato e igualitario, Internet
abrió vías alternativas para las noticias, los análisis y la movilización de
la sociedad civil. Para muchas organizaciones cívicas (desde pequeños grupos
locales hasta grandes ONG) poder controlar el mensaje que transmiten
directamente al público normal que accede a sus páginas en la red ha
transformado su capacidad para moldear la opinión pública mundial y movilizar
a las personas para sus campañas.
Estos cambios representan un desplazamiento, desde una esfera pública anclada
en las instituciones de la sociedad, hasta una esfera pública constituida en
torno al sistema de medios de comunicación. Esto tiene consecuencias
considerables para la práctica de la democracia y para la relación entre la
sociedad civil y el Estado.
Al actuar sobre el sistema de medios de comunicación, en particular al crear
acontecimientos que envían poderosos mensajes e imágenes, los activistas
transnacionales inducen un debate sobre los métodos, los motivos y los fines de
la globalización y sobre las opciones de sociedad. Si los agentes no estatales
pueden influir en la opinión de las personas y fomentar el cambio social es
precisamente a través de políticas relacionadas con los medios de comunicación.
En definitiva, el cambio de mentalidad sí tiene consecuencias sobre el
comportamiento político, sobre la forma de votar y sobre la orientación de los
gobiernos. Por tanto, es esencial que los agentes estatales y las instituciones
intergubernamentales, como las Naciones Unidas, se reúnan con la sociedad
civil, no solamente en torno a mecanismos y procedimientos institucionales de
representación política, sino en debates públicos de la esfera mundial
generados en torno al sistema de medios de comunicación.
La serie de conferencias importantes organizadas por las Naciones Unidas en e
los años 90 fue esencial para promover el diálogo mundial, sensibilizar al público
y facilitar una plataforma para que la sociedad civil mundial pudiera estar a la
vanguardia del debate público. Por consiguiente, un mecanismo clave para que
las Naciones Unidas respondan a las exigencias y los proyectos de la sociedad
civil mundial es estimular la consolidación de esta esfera pública, estimular
el diálogo con iniciativas específicas y registrar, de manera continuada, las
aportaciones de este diálogo, para que puedan contribuir a la generación de
políticas dentro de las propias Naciones Unidas.
Es más, la popularidad de las Naciones Unidas y su apoyo a cuestiones que
cuentan con un amplio consenso en la opinión pública mundial, supondrán una
fuente adicional de fortaleza y legitimidad para las Naciones Unidas, a la hora
de impulsar sus políticas hacia un ordenamiento internacional más justo y
estable. Canalizar el poder de la opinión pública mundial es tan importante
como ampliar la participación política institucional en una interacción fructífera
y sinérgica entre las Naciones Unidas y la sociedad civil mundial.
F.H. Cardoso, expresidente de Brasil, es el presidente del Grupo de personas eminentes establecido por el Secretario General para examinar las relaciones entre las Naciones Unidas y la sociedad civil. El artículo no es un documento oficial de las Naciones Unidas. Este documento se debatió en la primera reunión del Grupo de Alto Nivel, celebrada en Nueva York del 2 al 3 de junio 2003, y su versión final recoge los comentarios y sugerencias de los miembros del Grupo.
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