Perú: Crisis republicana y dos vías nacionales

 

Manuel Dammert Ego Aguirre

   

El resultado del nueve de abril expresa la apertura de una profunda crisis republicana en Perú, y el dilema ante dos vías nacionales. La votación demuestra que diversos sectores sociales rechazan el sistema de representación. No se consideran incluidos. Los poderes públicos les son ajenos. Con su presencia exigen cambios. El país tiene una economía que crece pero no redistribuye; con la riqueza altamente concentrada en pocas manos; intensamente polarizado, social y territorialmente. La mayoría de peruanos viven en pobreza desde hace muchos años, y han decidido usar su voto para expresar el clamor de cambios sociales y políticos.

Con la votación las “capas tectónicas” de la crisis social han empezado a manifestarse. Es fundamental apreciar su dinámica. No se trata sólo de distribuciones similares del electorado, con un porcentaje aproximado constante a favor del APRA, otro de la derecha política, y otro variopinto, que estuvo primero con Barrantes, luego Belmont, luego Fujimori, y luego Toledo. La nueva dinámica actual es la de la irrupción de fuerzas sociales que rompen los herrajes que asientan los poderes. Se ha resquebrajado el consenso neoliberal, remachado por la dictadura autocrática de Fujimori. Se han desbordado las fuerzas emergentes, que reclaman su sitio en la escena pública. Su dinámica es heterogénea: se mezcla más estado social, exigente autoridad, mejores servicios, cierto nacionalismo, algo de poder ciudadano, reconquista de la renta nacional, emprendurismo empresarial. Su hilo conductor es la desligitimización de los poderes de la vieja república de privilegios. Estamos en la apertura de la crisis republicana, y esta es la esencia de sus dilemas.

La segunda vuelta electoral, y sus variados escenarios previsibles, no resolverá sino hará más explícita esta crisis abierta. Se equivocan los que interpretan que ocurre un viraje nacional, según algunos “a la izquierda” y según otros “al orden”. No hay tal viraje; existen más bien dos vías en dilema no resuelto: la autoritaria y la progresista, que atraviesan todas las fuerzas nacionales. Es cierto que la agenda del debate público ha superado la retórica neoliberal. Pero basta apreciar la composición de los poderes elegidos, para apreciar el peso muy importante de los diversos elementos del autoritarismo (oligarquías, caudillaje, militarismo) por los cuales la población ha votado. El Congreso tiene ahora más gente proclive a votar por la impunidad, a favor de la corrupción y de la violación de derechos humanos. El fujimorismo ha logrado formar una bancada clave en el Congreso. En casi todas las fuerzas y bancadas asoman los lazos de quienes harán cuerpo con el poder lobysta parasitario y el autoritarismo. Humala y su estado mayor montesinista; Alan y su alianza con Kouri; y UN cooptada por Woodman y el Grupo Romero.

La izquierda democrática, sumados sus sectores, nos hemos arrinconado al 2% de los votos. Es cierto que existe una contradicción aguda entre la votación nacional que reclama cambios sociales, y el peso creciente de las corrientes autoritarias. Por eso mismo, lo que vivimos es la apertura de la crisis republicana que tiene diversas posibilidades de resolución. En lo fundamental son las dos vías mencionadas.

En pleno ciclo expansivo de la economía mundial y con excedentes extraordinarios similares a los de la era del guano, el Perú tiene los desafíos de la afirmación del carácter nacional pluriétnico, el nuevo posicionamiento en el mundo global, y el cambio de los poderes republicanos a la descentralización y el poder ciudadano. Este es el sentido de los cambios que debe hacer un gobierno progresista.

Estaríamos ahora con este gobierno de cambios, si se hubiese formado la alianza del centro con la izquierda, que se planteó al inicio de la campaña. Al no hacerse, se le ha dado curso a la otra posibilidad, la de una reestructuración autoritaria corporativa de la nación. Esta vía es una mezcla de neo-consignatarios con corporativismo autoritario. Coopta al Estado en forma directa a los gremios empresariales y cúpulas militares. Subordina como clientelas de súbditos a las personas. Mantiene el modelo económico y su polarización social.

El autoritarismo, en cualquiera de sus variantes, no hará sino hacer la crisis más aguda y más costosa. No hay condiciones para que se repita Leguía, Odría o Fujimori. Ni para una superconvivencia conservadora, ni para una autocracia que se disfrace con cambios sociales. Está planteada la exigencia de unir fuerzas para un gobierno progresista de centroizquierda, que se construya los próximos años desde la sociedad y como oposición democrática al autoritarismo en cualquiera de sus variantes.

El centroizquierda requiere asumir un nuevo programa de republicanismo social, perspectiva pluriétnica, posicionamiento nacional competitivo, poder ciudadano. Concertar el centro liberal con el nacionalismo popular y el socialismo democrático, ¿será posible lograrlo? De ello depende el destino del Perú.

Artículo publicado en el grupo de discusión Dglocal: http://groups.google.com.pe/group/dglocal, abril 2006.
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