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Brasil
Miedo de la rutina
Miram Leitão
Tengo miedo que Brasil se acostumbre. En encontrar normal que el presidente del Senado use un lobista para pagar una cuenta de su más “íntima privacidad”, que esta sea pagada con dinero en efectivo con recursos de origen incierto, que sus negocios empresariales permanezcan zambullidos en indicios de irregularidades. Y que los senadores den señales tan explícitas de cubrirlo en un proceso dirigido por el propio acusado.
Tengo miedo de que el país ya se haya perdido en los escándalos secuenciales llenos de esquemas complejos, hilos atando acusados conocidos con neofamosos, sórdidas conversaciones telefónicas, dineros flagrados y operaciones con nombres curiosos –Huracán, Navaja, Jaque Mate, Narciso, Curupira, Sanguijuelas– y de confundir alocados con “mensualeros*” y “vampiros*”. Y, de tan cansado de ese huracán de sanguijuelas enloquecidas, concluir que es mejor dejar para todo de lado y volver a la propia vida, que, al final, está difícil para todos.
Tengo miedo de que el Senado continúe exhibiendo el descaro de la prisa explícita de declarar inocente a su presidente, fingiendo, aún hoy, que lo que está en tela de juicio es un caso extraconyugal, y no el pagador de la pensión y el matador de normas, leyes y principios morales en que se transformó su defensa. Que se crea en un senador como Gilvam Borges y en su disculpa descalificadora que “nosotros, hombres, desde los tiempos de Adán y Eva, estamos sujetos a seducción”. Que los señores y señoras representantes del pueblo brasilero en la cámara más alta del Legislativo continúen siendo actores de quinta en un teatro de absurdos en que documentos toscos, explicaciones mutantes, y obvios conflictos de intereses sean aceptados como prueba suficiente de inocencia del jefe del club. El riesgo es que la semántica cambie el significado del nombre del Consejo de Ética. En vez de la designación clásica, pasaría a ser el sitio de complicidad para los pares y de absolución previa sin análisis de las pruebas.
Tengo miedo de que Brasil haya pasado del punto de transformar escándalos en algo que depure. Hubo un momento en que el país enfrento el choque y el dolor de descubrir personas públicas implicadas en una inaceptable triangulación que involucraba publicistas del gobierno, distribución de dinero en cuartos de hotel y contratos de prestación de servicios para órganos públicos.
Todo eso en un gobierno de un partido que, durante 20 años dijo que hacía una política con ética. Era una encrucijada: o purgar el error y curar el tejido nacional enfermo o acostumbrarse e ir reduciendo el nivel de nuestras exigencias éticas. Eran dos caminos, y el país ha preferido el peor de ellos.
Tengo miedo de que nunca se sepa, por súbita incompetencia de la investigación, a qué mesa fue a parar aquel sobre pardo con R$ 100.000, que entró por las manos de la directora de la empresa en las cercanías de un gabinete ministerial.
Que nunca se sepa, por olvidado en la complejidad de los “ductos de propinas”, las relaciones entre Engevix y Gautama. Sergio Sá, el eslabón perdido entre ambas, podría explicar tanto los fraudes recientes como uno antiguo, que ya se ahogó en las aguas de la represa: el de la Evaluación de Impacto Ambiental de la hidroeléctrica de Barra Grande. Allí, Engevix declaraba tener apenas un pequeño campo, cuando eran cuatro mil hectáreas de bosque atlántico con araucaria.
Tengo miedo de que tampoco jamás se sepa qué dinero era aquel que estaba en las manos de amigos del presidente de la República y de sus asesores de campaña en un hotel de aeropuerto en San Pablo. Que pase a ser normal que jefes de “inteligencia” de una campaña de reelección usen dinero sin origen y compren acusaciones falsas contra adversarios.
Que eso sea tan banal que nadie sea denunciado, y que el único castigo sobre ellos sea la reprimenda ligera del presidente de la República, llamándolos “niños” y “alocados”.
Tengo miedo de las reformas divorciadas de los diagnósticos. Lo que Brasil precisa es de más transparencia en las donaciones privadas a los candidatos, para que los electores fiscalicen los actos de los políticos electos y la solución propuesta es aumentar el financiamiento público, como si eso hiciera desaparecer el financiamiento privado. El riesgo es que quede totalmente opaco el hilo que une la empresa al político, que quede eternizado en una caja paralela y se consagre la hipocresía.
Lo que Brasil precisa es una mayor relación entre elector y electo, y la solución propuesta es diluir esa relación a través del voto en lista, cerrada o flexible. Lo que Brasil necesita es de nuevos panoramas en su vida partidaria, dominada por caciques de otras épocas: desde los políticos que no trabajan y cuyo partido se llama “de los trabajadores”, a los políticos que sirvieron a la dictadura y cuyo partido se llama “demócratas”; de bancadas evangélicas con sus maletas de dinero de la extorsión dominical de las creencias populares, lo que ni de lejos recuerda la fe que un día dijeron tener; de partidos que alegan ser de oposición, social y demócrata, pero que reculan de su papel por temer a la amenaza a los suyos. En vez de la apertura para que aparezcan nuevos cuadros, más poder a los dueños de los partidos, la mayoría enlistada en los mismos prontuarios de escándalos recientes.
Lo que temo, por ser periodista de economía, es encontrar que todo se resume a la ecuación Deuda/PBI y quedarnos conmemorando nuestro casi “investment grade”, sin percibir el grado de deterioro de los valores y el ranking de absurdos que nos acorralan.
* Mensualeros y vampiros son los nombres popularizados por la prensa para quienes recibían los sobornos (mensualeros refiere al pago mensual) [Aclaración del traductor].
Miriam Leitão es una muy respetada periodista brasileña; procesada por la dictadura militar en ese país en la década de 1960, construyó una sólida carrera en varios medios; en 2003 recibió el premio de periodismo por la tolerancia racial.
Publicado en el periódico “O Globo”, el 19 de junio de 2007. Traducido por el equipo de CLAES D3E. Reproducido en el semanario Peripecias Nº 54 el 27 de junio de 2007. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos. |
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