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Brasil frente a América Latina después de la reelección de Lula Eduardo
Gudynas El
triunfo de Lula da Silva en el ballotage por la presidencia de Brasil genera
muchas interrogantes sobre las implicancias para el resto de América Latina. Es
una pregunta difícil de responder ya que la marcha del primer gobierno Lula se
ha caracterizado por la ambigüedad: una estrategia económica muy conservadora,
favoreciendo en especial algunos sectores exportadores y el sistema financiero,
junto a medidas sociales compensatorias, como el enorme paquete de ayuda social
a las familias más pobres, cubriendo más de 11 millones de familias. Si bien
en la noche del triunfo, Lula afirmó que tiene el sueño de un Mercosur que
represente a “todos los países latinoamericanos”, lo que será una
“maravilla, una cosa extraordinaria”, ya están en marcha las
especulaciones. En los dos últimos años, Brasilia ha ajustado su papel en la
región, concediendo salvaguardas comerciales a Argentina mientras que no
profundizó los compromisos comerciales con los demás socios. Como
consecuencia, el Mercosur se está transformando en un foro de debate político
que no avanza en los aspectos comerciales y económicos. Ha insistido y logrado
una acercamiento de ese bloque con la Comunidad Andina de Naciones, y hay
emprendimientos concretos en marcha especialmente con Bolivia, Perú y
Venezuela. Estas y otras señales que vienen desde Brasilia parecen indicar que
se apunta a fusionar al Mercosur y la CAN dentro de la Comunidad Sudamericana de
Naciones, la que también por ahora es una instancia esencialmente de discusión
política. Sin duda
que se mantendrá el acento en las relaciones sur-sur, y en particular con
China, India y Sudáfrica. Todavía está presente su rechazo a la propuesta de
Estados Unidos de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), y
persistirá su protagonismo dentro del Grupo de los 20, dedicado a temas agrícolas
a nivel mundial, aunque deberá superar las discrepancias que ha mantenido con
otros miembros (como la India). Pero el
segundo gobierno Lula es más débil que el anterior, y por lo tanto sus
posibilidades de acción son más limitadas. Su base parlamentaria es acotada y
necesitará mantener, e incluso ampliar, sus alianzas con algunos partidos de
izquierda pero también con otros de centro derecha (en especial el PMDB), lo
que seguramente desembocará en mantener una estrategia económica convencional
y en cambios en la política internacional. Además, las nuevas denuncias de
corrupción están en la fase inicial de investigación y sus sombras podrían
opacar al futuro gobierno. Por lo
tanto, se redoblarán las presiones para que Brasil intente una aproximación
comercial a los Estados Unidos, y en especial si la ronda de negociaciones de la
Organización Mundial de Comercio sigue empantanada. Se estima que se
profundizará el papel del estatal BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico
y Social) en financiar actividades de las empresas brasileñas en los países
vecinos de América del Sur, y en particular carreteras que sirvan como salidas
para la exportación de mercaderías brasileñas. Persistirá el apoyo de la
iniciativa en infraestructura regional que involucra especialmente a los países
Andinos. La presión sobre el sector energético se elevará, y esto implicará
posturas más duras de Petrobras especialmente en Bolivia y Ecuador. Las
acciones de Brasil en los países vecinos son controversiales. El gobierno Lula
ha presentado muchas de ellas, como las carreteras, son una forma de
“asistencia” o “ayuda” a sus vecinos, pero en realidad son funcionales a
su propia expansión exportadora. Si bien ese énfasis puede ser entendible,
persiste el problema más profundo de las asimetrías entre Brasil frente a las
economías más pequeñas de sus vecinos. Este país representa la mitad del
producto total de América del Sur y por lo tanto son necesarias medidas económicas
y comerciales para enfrentar esas disparidades, y por ahora no hay muchas
propuestas novedosas en ese sentido. Las demandas internas que enfrentará el
gobierno Lula hacen muy difícil que se puedan lograr concesiones y mecanismos
de integración originales. También ha quedado resquebrajada la idea del gobierno Lula como un “ejemplo” y “referencia” para los demás países de América Latina. Años atrás, cuando Lula logró su primera victoria, se difundió la idea del PT como fuente de ejemplo de una nueva ética política y una gestión de gobierno original (como los presupuestos participativos y el programa Hambre Cero). Pero el desempeño gubernamental concreto, y las sucesivas denuncias de corrupción del 2005 y 2006, dieron un golpe mortal a aquellas aspiraciones, y los movimientos sociales de los demás países siguen en la búsqueda de nuevas alternativas.
Sin duda
que la victoria de Lula es impactante; obtuvo más de 58 millones de votos en un
total de 126 millones de electores. Además, su oponente, Geraldo Alckmin
registró en el ballotage menos adhesiones que en la primera vuelta. Pero una
mirada más atenta muestra un Brasil dividido: más de la mitad de los electores
se reparten entre los votantes de Alckmin, un 19% de abstenciones y 6% de votos
nulos o en blanco. También hay algo de cansancio y resignación frente a la
corrupción (un síntoma es que siete de los involucrados en los pagos ilegales
mensuales lograron votos para regresar al Congreso). La campaña
de Lula buscó retomar algunas de las banderas clásicas de la izquierda,
optando especialmente por enfatizar su compromiso con los pobres (un aspecto muy
importante, y que acentuó los contrastes con Alckmin), pero a costa de dejar
por detrás las cuestiones de la ciudadanía política y la reforma partidaria,
lo que también era una de las banderas clásicas de la izquierda brasileña. La opción
por Lula permite a menos la posibilidad de algunas política sociales, la búsqueda
de un diálogo con los movimientos sociales y algunos intentos de un
acercamiento a los países vecinos. Estos y otros aspectos eran casi imposibles
con el candidato Alckmin. Pero también debe reconocerse que en esas posturas
hay una cierta resignación a contentarse con metas muy modestas. En ese
contexto interno tan complejo, las opciones posibles para los demás países de
la región también se reducen.
E.
Gudynas es analista en D3E
(Desarrollo Economía Ecología Equidad - América Latina). Publicado
en el semanario Peripecias Nº 21 el 1 de noviembre 2006. Se permite la
reproducción del artículo siempre que se cite la fuente. Licencia de Creative
Commons con algunas restricciones. |
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