Minería, conflicto social e iglesia en Perú

Por Javier Diez Canseco

 

Algunos sectores empresariales pretenden quejarse al Papa en el Vaticano, por el acompañamiento y apoyo que algunos sacerdotes y obispos han dado y dan a comunidades campesinas, ronderos y pueblos rurales, en las controversias que mantienen con las grandes empresas mineras que contaminan el agua y alteran el medioambiente. Esta actitud de algunos grandes empresarios revela ignorancia, pues deberían acudir a la Conferencia Episcopal Peruana (sección quejas), pero –sobre todo– evidencia una anacrónica intolerancia, que no ayuda a solucionar los conflictos sociales, y un tremendo oportunismo. Y es que los sectores de la Iglesia Católica que son blanco de una feroz y turbia campaña de ataques habrían cometido el “pecado” de defender los legítimos derechos de las comunidades y campesinos, amenazados en su actividad agrícola y ganadera por la contaminación ambiental. Los grandes mineros revelan que no toleran el más mínimo cuestionamiento y que todo el que no acate sus deseos y caprichos se convierte en su enemigo mortal. Ese comportamiento gamonal –de algunos empresarios– de pretenderse intocables, por encima de la Ley y la crítica, es algo que debemos rechazar.

Lo cierto es que las tensiones y conflictos sociales se están multiplicando a lo largo y ancho del país. La creciente frustración y desesperanza de la población ante el deterioro de su bienestar, la inatención a sus demandas y la falta de oportunidades, alimentan el proceso. Los 15 años de políticas neoliberales de Fujimori y Montesinos, continuadas por Toledo, no han generado la prosperidad y justicia social que el país reclama. El crecimiento económico sólo ha beneficiado a sectores aislados de privilegiados, mientras la enorme mayoría de la población sigue igual de pobre y excluida que en el pasado, si no más.

Entre el 2001 y el 2004 el número de los pobres aumentó en casi 380 mil personas adicionales. El producto del país creció, pero los niveles de ingresos y el gasto real de las familias están estancados y el porcentaje de los peruanos que padecen de mala alimentación se incrementó de 33% a 35%. La famosa teoría del “chorreo” –según la cual hay que dar toda clase de privilegios y favores a los más ricos, haciéndolos más ricos, para que en el futuro algo de su riqueza les “chorree” a los más pobres– no ha funcionado ni funcionara. Es por ello, hora de dar un cambio de rumbo.

El año 2000, el país se movilizó para poner fin al régimen dictatorial y corrupto del fujimontesinismo. No sólo estaba impulsado por la indignación, sino también por la esperanza de que un mañana mejor sea posible para todos los peruanos. Toledo en estos años de desgobierno, ha logrado con su frivolidad, irresponsabilidad e incompetencia, matar mucha de esa esperanza, dejándole al pueblo sólo la rabia y la frustración ante un sistema político que no funciona. Ello alimenta el enfrentamiento social y las tentaciones violentistas, poniendo en riesgo la transición democrática tan trabajosamente lograda.

No permitamos que la democracia se pierda. No aceptemos que los reclamos sociales se conviertan en asuntos policiales y se les responda con represión. No aceptemos que los curas que acompañan al pueblo sean insultados y perseguidos. Es necesario resolver los problemas sociales, que todos los sectores políticos y sociales nos esforcemos en alcanzar algún grado de consenso que garantice la estabilidad de nuestro país y un compromiso para establecer políticas de Estado que atiendan los justos reclamos y necesidades de la ciudadanía. Por ello, los gremios empresariales deben reflexionar sobre su papel y sobre su propia responsabilidad en la generación de conflictos sociales. No pueden seguir con esa absurda actitud de ir dando palos de ciego buscando el enfrentamiento y la represión. Es hora de parar con la caza de brujas y buscar con una actitud abierta y constructiva el diálogo para alcanzar acuerdos con la población que realmente signifiquen justicia y beneficio mutuo.

Las actividades extractivas –como la minería– no pueden pretender seguir operando y enriqueciéndose a espaldas del país, incumpliendo con el pago de las regalías mineras, aprovechándose de privilegios tributarios, afectando el medioambiente y haciendo oídos sordos a los legítimos reclamos de la población. La salida a la actual zozobra social tiene que ser basada en la legalidad, la justicia y el respeto a los derechos de los pueblos. Ello es algo que todos los peruanos tenemos que apoyar y defender.

 

J. Diez Canseco es Congresista de Perú. Publicado en Diario Regional (Huanuco), Agosto de 2005. Se reproduce en nuestro sitio únicamente con fines informativos y educativos.


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