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Como las cajas chinas: un foro dentro de otro foro
Como siempre que en un lugar pasan
muchas cosas a la vez, solo es posible tener muchas interpretaciones y
miradas. Y éstas a su vez, dependen de las expectativas y búsquedas de
quienes viven y comparten ese espacio. Hablar del Foro de Quito me lleva a dos
dimensiones diferentes, una que valora y apuesta al proceso de encuentro y
reconocimiento mutuo de un cada vez más complejo escenario de actores y
actoras que buscan construir nuevos sentidos colectivos, y otra que asume los
límites y carencias del debate político entre los diferentes movimientos. Los foros han abierto el encuentro entre
diferentes actores, la convergencia de acciones y discursos, el conocimiento
mutuo y las posibilidades de ampliación de las articulaciones sociales y en
ese sentido apuestan a la construcción de una nueva cultura política de
articulación de la diversidad. Pero también se puede estar en ellos para
construir nuevas hegemonías y consignas con viejas prácticas políticas.
Uno de los debates más acalorados que ha acompañado la creación del Foro
Social Mundial es precisamente su carácter no resolutivo, definido con una señal
de identidad y un camino de construcción política, hay quienes ven esta
característica como una debilidad del Foro, mientras que para otros/as, entre
quienes me ubico, es esa la característica más novedosa y desafiante de este
proceso. Esta disputa encierra debates profundos que aun no han
encontrado espacios más amplios para desplegarse. Desde la primera perspectiva, este
primer Foro de las Américas a pesar de contar con menos participantes (10 mil
según los organizadores) que el Foro Social Mundial realizado en Porto Alegre
(también mayoritariamente latinoamericano en el número de participantes)
aparece más articulado en torno a agendas que ofrecen un gran paraguas a la
diversidad de actores. La lucha contra el ALCA, unifica a un amplio espectro
de actores y actoras y posibilita a cada uno de los sectores, campesinos, indígenas,
mujeres, sindicalistas, militantes de derechos humanos, afrodescendientes,
incluso a los movimientos de diversidad sexual, definir sus contenidos y
propuestas específicas. Esta diversidad, es una ganancia no menor para la
creación de nuevas culturas políticas, pero por ahora parece estar
garantizada exclusivamente por la presencia física de estos múltiples
actores, sin que ello interpele realmente las estrategias de construcción de
cada uno de los movimientos. Así es posible, defender la complementariedad
indígena respecto a la cuestión hombre/mujer y en el mismo espacio escuchar
a una feminista que parte obviamente de otro marco conceptual. Otro campo de conflicto insuficientemente abordado es el lugar que se le asigna a la pluralidad política, a las coincidencias y divergencias acerca de temas y debates sustantivos. Tal vez es simplemente un problema de tiempo, pero desde mi punto de vista no hubo en las conferencias y paneles organizadas por el propio Foro, una verdadera controversia acerca de las estrategias y las definiciones políticas que las animan. Y no porque falten controversias y solo para citar una, en la Conferencia sobre “Democratizar la democracia” Roberto Regalado de Cuba, habla y fundamenta su discrepancia con ese concepto ya que la democracia dice, es por definición la democracia liberal. Para quienes pensamos que resignificar
la democracia es un campo de lucha cotidiano este debate parece sustancial. La búsqueda de una “una agenda
que unifique las luchas” a nivel continental y global es un objetivo para
muchos de los y las participantes de los foros, sin embargo creo que los
actores y movimientos sociales tienen una tarea aun mas compleja que es
dialogar con las múltiples exclusiones sociales y construir sentidos comunes
emancipatorios que incorporen nuevas voces al debate político de
nuestras sociedades. Admito que no necesariamente ambas cuestiones se
oponen. Sin embargo, en los hechos una agenda de movilizaciones construye un
camino de activismo que puede dejar fuera debates sustantivos (como el señalado
sobre la democracia) o el tipo de liderazgos y organizaciones que puedan
canalizar opresiones pero también desencantos. Como las cajas chinas, los foros
contienen muchos foros, también el de aquellos y aquellas que buscan ser
escuchados, que quieren construir espacios mas horizontales, que desconfían
de las grandes estructuras organizativas, que quieren vivir las luchas desde
sus subjetividades y en primera persona, que cuestionan y buscan alternativas
a las formas de poder tradicionales. Y esas búsquedas también se vivieron en
Quito, en debates más pequeños, y en las actividades autoorganizadas. En
estos espacios las organizaciones construyen alianzas de intereses y se
aproximan a otros y otras con sensibilidades similares. Tal vez, garantizar
este espacio de encuentro y reconocimiento termine por abrir esos debates
necesarios. Nuestra apuesta al Foro como Articulación Feminista estuvo en el
dialogo intermovimientos, un debate con sindicalistas, feministas,
afrodescendientes, gays, lesbianas, transexuales y travestis, e indígenas
acerca de los actores, las subjetividades y la pluralidad, las formas
jerárquicas de la relación política, la autonomía y otros desafíos que hacen
más complejos los desafíos del debate actual en Latinoamérica. L. Celiberti integra el equipo de Cotidiano Mujer y participa de la coordinación internacional del Foro Social Mundial. Una versión del presente artículo fue publicada en el semanario Brecha (Montevideo). Se reproduce con permiso del autor. |
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DemocraciaSur • Temas Regionales • Foro Social Américas 2004 |