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Amor y desencanto entre el Mercosur y la Unión Europea
Rocio Lapitz
Mucho se ha hablado de los acuerdos que la Unión Europea y el MERCOSUR están llevando a cabo para alcanzar un 'área de libre comercio'. Los dos bloques están intentando concluir sus negociaciones antes de finales del 2004, ante la atenta mirada de las organizaciones sociales. En el actual Foro Social de las Americas, que se esta llevando a cabo en Quito, los talleres y seminarios relacionados con este tema abarcan una extensa lista, con la participación de muchas instituciones tanto de América Latina como de Europa. En general, la evaluación que prevalece es considerar que las negociaciones UE - Mercosur repiten casi todos los temas del ALCA o en la OMC, bajo los mismos intereses y encallados en conflictos similares. Así encontramos, por ejemplo, la insistencia europea en liberar inversiones y ampliar la cobertura sobre servicios, mientras que el Mercosur reclama el fin de los subsidios agrícolas. Más aún, las estrategias llevadas a cabo entre los acuerdos anteriores de Chile y México con la Unión Europea solo se diferencian en un aspecto fundamental con las llevadas a cabo con el MERCOSUR. Esta diferencia radica en que los acuerdos anteriores eran entre un país en particular con una región, mientras que las actuales conversaciones son de "bloque" a "bloque". Sin embargo las situaciones de uno y otro grupo son muy distintas; la UE está en un proceso de ampliación y el Mercosur no termina de definir políticas comunes. En los talleres se han presentado evaluaciones sobre los acuerdos de libre comercio de la UE con Chile y México. Sus resultados no han sido los prometidos. En el caso de México, el esperado flujo de inversiones productivas, las mejoras en el empleo, etc., no se han concretado. Sin embargo, se ha dado un proceso de transnacionalizacion de empresas; por ejemplo, en este momento solo existe un banco de origen mexicano mientras que el resto son todos extranjeros. Las organizaciones ciudadanas reclaman que cada vez son más frecuentes y más fuertes las presiones desde Europa para llevar a cabo las privatizaciones de las empresas y los bienes nacionales como el agua, la electricidad, etc. En el caso del acuerdo de libre comercio con el Mercosur, las dificultades no sólo están en las bases que se invocan para sustentar el convenio, sino que también se encuentran problemas en cada uno de los bloques. En los talleres se ha reconocido que en el MERCOSUR todavía hay problemas con la libre circulación de mercancías entre los países, ya sea por barreras sanitarias o arancelarias; las importaciones y exportaciones entre países continuamente están en discusiones por dúmping; no existen acuerdos políticos claros de desarrollo, en educación, salud u otras materias. Incluso la porpia constitución del bloque sufre de algunas ambiguedades, ya que se mantienen los cuatro miembros plenos (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), pero se suman regularmente "socios" a nivel de una zona de libre comercio (Chile, Bolivia y más recientemente Perú y Venezuela), mientras que México discute algún tipo de acercamiento. Muchas veces, cuando en un taller se habla del MERCOSUR, no está claro a que países se refiere el interlocutor si no lo aclara previamente. En las propias negociaciones, en especial Brasil y en alguna medida Argentina, plantean tanto mayores resistencia a liberar algunos temas como más exigencias en el acceso a mercados, mientras que Paraguay y Uruguay estarían dispuestos a ceder en varios temas. Otro tanto se repite dentro de la UE, ya que algunos países acusan al comisario de comercio Pascal Lamy, de haber cedido en varias cuestiones, como el comercio agrícola. En las dicussiones que tienen lugar en Quito, varias organizaciones sociales consideran que si el acuerdo de libre comercio es firmado se comprometerá duramente la implantación de programas de desarrollo de los países. Las reclamaciones de los agricultores no solo proceden de parte de los latinoamericanos, sino también se repiten desde los granjeros europeos, principalmente de los franceses, que ven grandes perjuicios si los acuerdos se llevan a cabo. Las discusiones de muchas organizaciones latinoamericanas radican en que este acuerdo entre la UE y el MERCOSUR no tiene diferencias sustanciales con las negociaciones del ALCA. Los temas de negociación son básicamente los mismos: el mayor acceso al sector servicios, inversiones, propiedad intelectual, compras gubernamentales, agricultura, etc. Por parte del MERCOSUR, las presiones también son básicamente las mismas y apuntan a llegar a un acuerdo de libre comercio que beneficie principalmente las exportaciones agropecuarias de sus países. La cada vez mayor importancia del sector agropecuario en el PIB de cada uno de los países hace más relevante la discusión del fin de los subsidios y cuotas de exportación para los bienes agropecuarios latinoamericanos que son exportados tanto a Europa como a EE.UU. Pero son muchos los que se quejan de que las discusiones entre los bloques por llegar a un acuerdo de libre comercio hacen que se dejen de lado otros temas, como la explotación de los recursos naturales, el desmejoramiento del medio ambiente, la educación, la salud, etc. Incluso la insistencia con la problemática agrícola, advierten las organizaciones sociales, hace que se marginen todavía mas otras dimenciones del desarrollo. Es cierto que el comercio agropecuario ofrece los mayores ingresos por exportaciones al bloque del sur, pero es indispensable abordar los demás aspectos de una estrategia de desarrollo. De esta manera, los testimonios que analistas y militantes ofrecen en Quito se mueven entre las intensas y estrechas relaciones con Europa y el desencanto de las actuales conversaciones comerciales entre los gobiernos, que repiten los mismos problemas de siempre, alejados de las urgentes demandas por el desarrollo sostenible.
R. Lapitz es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina). Publicado en La Insignia, 28 julio 2004. |
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