Dentro del Foro Social de las
Américas, son muchos los seminarios y talleres que tratan el tema de la inmigración: cuáles son sus causas, a qué se enfrentan los que emigran y en qué situación se encuentran en los países donde residen. Y es que, según datos presentados en alguno de estos encuentros, en el mundo hay más de 150 millones de migrantes.
Enlaces América, una iniciativa de Heartland Alliance, organización estadounidense que se dedica a la capacitación y representación política de comunidades transnacionales, convocó al seminario "Emigrantes de América Latina y prácticas de la ciudadanía global". El debate se centró en los problemas de los emigrantes y su influencia en el desarrollo económico de Estados Unidos, aunque la migración interlatinoamericana es muy numerosa y causa también complejos impactos económicos y sociales.
Los factores que provocan la migración están generalmente relacionados con la falta de oportunidades económicas y la persecución política. Según una participante, los hispanos inmigrantes en EE.UU. son también un resultado de la opresión estadounidense de los pueblos latinoamericanos: "Somos una extensión de pueblos reprimidos por las políticas neoliberales e imperialistas de EE.UU. en América Latina". En su opinión, Estados Unidos destruye con sus políticas la base económica en los países del sur y no deja más alternativa a sus poblaciones que emigrar al norte buscando una alternativa económica.
José Luis Gutiérrez, presidente de la Asociación de migrantes de Michoacán, recalcó que México es un "gran exportador de migrantes". Cada año, entre 300 y 400 mil mexicanos emigran hacia Estados Unidos, y en particular Michoacán es el estado que más personas aporta a dicha corriente.
En Michoacán hay registrados 7 millones de habitantes, de los cuales 3 millones viven en EE.UU. Otro dato aportado por J. L. Gutiérrez, y que realmente impresiona, es que la población mexicana habrá disminuido un 14% para el año 2050 si continúa esa tendencia.
Algunos conferenciantes manifestaron que los inmigrantes también sufren opresión dentro de los Estados Unidos. Una participante afirmó que "los EE.UU. nos obligan a emigrar y luego cierran las puertas ante la legalización de nuestra permanencia allá". Los inmigrantes ilegales afrontan varios problemas para legalizar su permanencia en ese país y lograr el acceso a servicios y derechos ciudadanos como, por ejemplo, un seguro de salud y el derecho a votar. Además, empresarios estadounidenses buscan aprovecharse de una mano de obra barata e ilegal: "Somos esclavos modernos para dar más ganancias al rico", dijo una panelista, quien también señaló que la administración estadounidense no tiene ningún interés en acelerar la legalización de los inmigrantes ilegales porque su economía se basa en la mano de obra barata. "Ellos no quieren echarnos del país; eso es mentira, porque nosotros hacemos que su economía crezca", añadió.
Esas posiciones encierran algunas tensiones que más de un participante advirtió: la emigración se desencadena por la opresión, pero se viaja a un país donde también se vive oprimido. Para remontar esos problemas, los panelistas subrayaron la importancia de lograr mayor participación e influencia de los inmigrantes latinos en los EE.UU. por medio de alianzas estratégicas, para que puedan influir en la política estadounidense a favor de sus intereses y necesidades. Incluso tienen una representación en el Parlamento mexicano.
Las acusaciones les parecieron injustas a un participante estadounidense. Señaló que aparte de los inmigrantes hispanos existían otros grupos con necesidades, como inmigrantes de otros países, los ciudadanos pobres de EE.UU. y muchos otros grupos más. Desde su punto de vista, no hay fondos para satisfacer las demandas de todos y la "actitud" del Estado estadounidense no tiene necesariamente nada que ver con el racismo o la xenofobia. En su intervención también mencionó los limites administrativos a los que se ven abocados los países de destino, dado que con una migración de miles de personas por mes se llega a un punto en lo cual ya no se puede, ni con buena voluntad, manejar la situación.
Un factor que ha evolucionado en las corrientes migratorias es la gran interrelación que existe entre los inmigrantes y sus ciudades o pueblos de origen. "Ahora con Internet, todos los michoacanos podemos ver lo que pasa día a día en nuestro estado; sabemos quien fue agarrado por deber impuestos, etc." explicó Gutiérrez. "Leemos todos los días el diario de Michoacán, y con el correo electrónico estamos en contacto permanente" agregó. Otro de los cambios que perciben es la mayor posibilidad de viajar gracias a la creciente expansión de rutas de aerolíneas. Esta creciente interrelación hace que las personas no se "integren" en la sociedad en la que viven. Hace 15 años, las personas debían integrarse en la sociedad estadounidense e incluso llegaban a adquirir sus costumbres. Actualmente, cada vez son más los clubes o grupos comunales que nuclean a los inmigrantes. Incluso se forman barrios enteros, y al caminar por ellos se podría perfectamente pensar que se está en una ciudad de México.
Por los motivos reseñados, Gutiérrez considera que los emigrantes deberían ser considerados "ciudadanos globales" o "binacionales"; pero el concepto de "ciudadanía internacional" no puede realizarse porque la ciudadanía requiere de un Estado previo y no hay ningún Estado global. Por tanto, y en abierta contradicción con el título del seminario, los emigrantes latinoamericanos no pueden ejercer practicas de una ciudadanía global: lo que viven es una realidad de comunidades binacionales -las llamadas comunidades transnacionales-, que comparten cultura y valores hasta cierto punto.
En cualquier caso, Gutiérrez también recordó que ese tipo de ejercer la "ciudadanía global", como lo entienden ellos, podría llegar incluso a tener efectos indeseados. Las personas que viven en sus ciudades de origen verían que algunas decisiones que les afectan serían influidas, o incluso promovidas, por personas que no residen allí, que no trabajan allí y que por tanto no viven el día a día de los problemas. La visión que se tiene desde afuera podría ser muy distinta de la visión que tienen los que viven en una comunidad. Quizá concuerden los fines que se pretendan lograr, pero las medidas para llevarlos a cabo podrían tener perspectivas diferentes.
Al final, cabría preguntarse si algunos inmigrantes no pierden credibilidad al pretender imponer políticas en los países de destino, que en ocasiones podrían haber exigido en sus países de origen, si no van a vivir sus efectos.